VIDA Y OBRA DE LUIS FLÓREZ
VIDA Y OBRA DE LUIS FLÓREZ
Es absolutamente imprescindible hacer una corta introducción sobre su origen y entorno para comprenderlo. La familia Parra —este es su verdadero apellido, Flórez el materno— emigró del oriente antioqueño (El Peñol) a Manizales hacia 1850. Allí los hombres se dedicaron a la arriería, en la ruta Manizales-Honda, que los llevaba a cruzar con frecuencia por un paraje en el Tolima, entonces denominado Vallecitos, en las estribaciones de la cordillera central, sitio que escogieron para radicarse. Establecidos allí, Isidro Parra organizó a la comunidad y procedió a fundar El Líbano, en 1865. Cristino, uno de los hermanos de Isidro, fue el padre de Luis Flórez.
Las guerras civiles eran frecuentes y no tardaron los Parra en participar en ellas, enrolados en el partido liberal. Bajo la dirección de Isidro, se creó el batallón Líbano, que debía controlar un área estratégica, pues este era uno de los pocos pasos utilizables por las tropas conservadoras para atravesar la cordillera desde Antioquia y Caldas hacia la capital de la república.
Pero las guerras civiles dejan secuelas. En 1895, pese a no participar en la contienda desatada en ese año, Isidro Parra fue asesinado en su finca mientras dormía, por una cuadrilla conservadora al mando de un tal Luis Arango. Los asesinos trasladaron el cadáver y lo colgaron, desnudo, de un árbol en la plaza del pueblo hasta cuando manos piadosas le dieron sepultura. Hoy sus restos reposan en un monumento erigido en el centro de la misma plaza. En “Monografía del Líbano y biografía de su fundador, el general Isidro Parra” de Luis Eduardo Gómez, hay información completa sobre estos aspectos, así como en “Arrieros y fundadores”, de Eduardo Santa.
El radicalismo de los Parra en política y su enconada resistencia al clero católico les granjearon innumerables y poderosos enemigos. Además de Isidro, también fue asesinado su hermano Joaquín y excomulgado Cristino, en ceremonia de visos medievales, llevada a cabo en 1905 por el obispo Ismael Perdomo, en la plaza del pueblo. Parece que esta ceremonia estaba proscrita ya para esa época por la Iglesia y se dice que el haberla celebrado fue una de las causas que impidieron la canonización de Perdomo, cuando la noticia llegó a oídos del Vaticano.
Terminada la Guerra de los Mil Días, el general Cristino Parra se negó a deponer las armas y mantuvo durante dos años más una guerrilla en los alrededores del Líbano, según narra Carlos Eduardo Jaramillo en “Los Guerrilleros del Novecientos”. Como secuela de la guerra, los Parra perdieron la mayoría de sus propiedades rurales y sólo retuvieron una pequeña finca en la vereda La Honda.
En este entorno nace en 1916 Luis Flórez, pero no bastan estos antecedentes. Fue hijo “natural” o extra-matrimonial, lo que en ese entonces era un verdadero estigma. Dada la pobreza de su madre, doña Benigna Flórez, fue acogido en el hogar que su padre conformaba con Julia Rubio y sus 6 hijos. Una crónica más detallada de la trayectoria vital de los Parra puede encontrarse en la obra del profesor estadounidense James Henderson “Cuando Colombia se desangró”. Sobre la participación del general Cristino Parra en los preparativos de la revolución de los bolcheviques del Líbano, en 1929, probablemente el primer alzamiento de ese género en América Latina, leer “Los bolcheviques del Líbano”, del sociólogo Gonzalo Sánchez.
CRONOLOGÍA:
1916: Nace en Armero
1918: Muere la madre, Benigna Flórez
1926 a 1931: Estudios de primaria en la escuela rural del corregimiento de Tierradentro y en el colegio de doña Dioselina Ramírez de Rubio, en la población de El Líbano
1932 a 1936: Cursa los primeros cinco años de bachillerato en el Colegio Oficial de Varones del Líbano, fundado en ese mismo año y luego denominado “Instituto Nacional Isidro Parra”
1937: Cursa sexto de bachillerato en el Colegio San Simón de Ibagué, donde se distingue como líder estudiantil
1938 a 1941: Gracias a una beca obtenida por sus excelentes notas, se traslada a Bogotá, donde estudia Filología e Idiomas --una carrera nueva en esa época-- en la Escuela Normal Superior. Obtiene el título de Licenciado con grandes elogios por su destacado rendimiento académico.
1942 a 1943: En atención a sus altas califica¬ciones, a su dedicación y responsabilidad en los estudios y a su interés por avanzar aún más en el conocimiento de la Lingüística y la Filología, la Fundación Rockefeller le otorga una beca para adelantar estudios de postgrado en Estados Unidos. El Philosophy Hall de la Columbia University en Nueva York, y las universidades de Chicago y Wisconsin, le propor¬cionan una especialización avanzada con eminentes profesores norteamericanos y europeos. Allí intensifica su preparación en Lingüística General, Fonética, Dialectología del Español y Geografía Lingüística.
1944: Fallece en El Líbano, su padre, el general Cristino Parra. La Fundación Rockefeller le da la oportunidad de adelantar en la Escuela Nacional de Antropología de la ciudad de México, cursos intensivos de Lenguas Indígenas Mexicanas con el profesor Kenneth L. Pike, creador de la Gramática Tagmémica. Termina brillantemente sus estudios, con la redacción de un "Proyecto de Gramática de la Lengua Chinanteca". Al regresar a Colombia, a finales de 1944, Luis Flórez encuentra que se ha creado el 25 de agosto de 1942 el Instituto Caro y Cuervo, para investigar en Filología y Literatura. Con brillante hoja de vida, se presenta allí a solicitar trabajo. El humanista y sacerdote jesuíta Félix Restrepo, primer Director, lo contrata de inmediato para que se una al grupo que recoge material a fin de continuar el “Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana”, de don Rufino José Cuervo. El 1º. de octubre de 1944 inicia su actividad profesional en esta institución que hasta entonces carecía de méritos conocidos, aunque tenía, eso sí, muy buenos propósitos para la investigación.
1949: El 24 de agosto se constituye la sección de Dialectología, para investigar el estado actual del castellano en Colombia y es nombrado jefe. Para ese entonces estaba en su apogeo la violencia política en el país y en especial en El Líbano, que junto con Puente Nacional, fue catalogado como el municipio con mayores índices en ese sentido.
1950: Con la tesis titulada: “La pronunciación del español en Bogotá”, prologada por el gran fone¬tista español Tomás Navarro --quien había sido su profesor en la Universidad de Columbia durante sus estudios de postgrado--, recibe en la Escuela Normal Superior el título de Doctor en Filo¬logía.
1951: La Academia Colombiana de la Lengua lo elige como Miembro Correspondiente. El Instituto Caro y Cuervo publica su primer libro (y tesis doctoral) “La pronunciación del español en Bogotá”.
1954: Dirige un curso destinado a adiestrar a los futuros investigadores del Atlas Lingüístico - Etnográfico de Colombia, para el cual redacta un cuestionario preliminar. En el lapso 1951-1952, la violencia política alcanza su clímax en El Líbano. Policías chulavitas exterminan durante una sola semana a un número indeterminado (se dice que fueron 1.500) de liberales. Nunca se informó sobre ello porque los medios de comunicación estaban o clausurados o censurados. Al respecto, ver “De la república a la dictadura”, de Carlos Lleras Restrepo.
1955: Elegido como Miembro de Número de la Academia Colombiana de la Lengua, toma posesión de la Silla “X”, el 12 de marzo de 1956, y pronuncia un elogiado discurso con el título: “Algunas observa¬ciones sobre el castellano hablado en América”. Allí presenta numerosos trabajos de investigación, colabora durante cinco años en la Comisión de Vocabulario Técnico, y desde 1973 hasta su muerte, coopera en la Comisión de Lexicografía.
1956: Primera encuesta experimental, en Pacho, previa a la iniciación de los trabajos del Atlas. Viaja a España, Francia, Italia y Bélgica con el objeto de informarse acerca de la elaboración de los atlas lingüísticos que se adelantaban en dichos países.
1957-1958: Se reanudan las encuestas preliminares.
1959-1978: Se efectúan las encuestas programadas en 262 localidades. Éstas se disponen en tal forma que constituyen una malla que cubre la parte más habitada del país.
1974-1975: Bajo los títulos de “Notas de lenguaje” y “Apuntes de español”, publica numerosísimos artículos en las "Lecturas Dominicales" de "El Tiempo". Estos artículos, encami¬nados a mostrar el uso correcto del español, le dan mucho prestigio. Revisados, actualizados, y parcialmente aumen¬tados, se publican por el Instituto Caro y Cuervo en libros, bajo los títulos de “Temas de Castellano” y “Apuntes de Español”.
1977: Termina su actividad docente, que realiza simultáneamente con su labor como investi¬gador, en el Seminario Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo. Sus principales cátedras son: Dialectología, Geografía Lingüística, Gramática Histórica del Español, Español Medieval, Español Moderno y Español de América en la Escuela Normal Superior de Colombia, en el Instituto Etnológico Nacional y en las Universidades Jave¬riana y de los Andes.
1982: El 14 de junio, entrega formal del primer tomo del Atlas Lingüístico - Etnográfico de Colombia (ALEC).
1985: El 26 de mayo fallece en la clínica de la Caja Nacional de Previsión.
OBRAS
Apuntes de Español, Del español hablado en Colombia: Seis muestras de léxico, El español hablado en Montería y Sincelejo, El español hablado en Santander, El español hablado en Segovia y Remedios, El habla de Chocó, Habla y cultura popular en Antioquia, La pronunciación del español en Bogotá, Las Apuntaciones Críticas de Cuervo y el español bogotano cien años después, Lecciones de pronunciación, Lengua española, Léxico de la casa popular urbana en Bolívar, Léxico del cuerpo humano en Colombia, Muestra del léxico de la pesca en Colombia, Pronunciación del español en Bogotá, Pronunciación y fonética, Temas de castellano: Notas de divulgación.
Luis Flórez introdujo en el país el interés por conocer las características regionales y, en general, todo género de variantes diatópicas (la lengua vista en espacios geográficos más o menos apartados unos de otros). Debido a este interés, fue el gestor del Atlas lingüístico - etnográfico de Colombia, cuyas investigaciones dirigió, y participó directa y activamente en la publicación de tan magna obra. El ALEC es una obra fundamental en los estudios de la filología hispánica y la primera de su género que, por su trascendencia, fue comparada con la que realizó en su tiempo don José Celestino Mutis en la Expedición Botánica, porque con el conjunto de su material léxico cuidadosamente clasificado se entra de lleno en el conocimiento del hombre colombiano, de su sicología, de su habla popular, de su modo de pensar, de sus usos y costumbres y de su género de vida. El Atlas lingüístico-etnográfico de Colombia (ALEC), es el monumento lingüístico de mayor relieve y, por lo tanto, otra obra científica de que se puede ufanar la cultura colombiana.
El ALEC, su obra cumbre, es una colección de mapas que muestra gráficamente, en seis tomos, la distribución de multitud de fenómenos del español hablado en cada una de las regiones naturales de Colombia. Durante 25 años se acopiaron datos relativos al español hablado en cada una de ellas y, además, los referentes a los usos y costumbres de los habitantes, a su vivienda, vestuario, alimentación, reglas de trato externo, y a los hábitos ocupacio¬nales y las tradiciones que se observan en ellos; los modos de subsistencia y las labores que se practican (agricultura, ganadería, pesca, artesanía, empleos particulares o públicos); los diversos aspectos del folclor, como cantos, bailes, juegos, espectáculos, creencias, mitologías, medicina popular, etc.
El primer tomo registra expre¬siones relacionadas con el tiempo y el espacio, con el campo y sus cultivos, y con las industrias vinculadas a la agricultura. El segundo, está dedicado a aspectos varios de la ganadería y de los animales domésticos y silvestres. El tercero, aborda temas relativos a la familia y el ciclo de vida (nacimiento, matrimonio y muerte), a las instituciones y la vida religiosa, y a las festividades y distracciones fundamen¬tales de la gente. El cuarto, describe en detalle aspectos referentes al vestido y la vivienda populares. El quinto, profundiza en las denominaciones comunes del cuerpo humano y de la alimentación típica. Y el sexto, recoge temas de oficios y empleos, de embarcaciones y pesca, de transportes, y de Fonética y Gramática.
Consta además de tres partes adicionales: Un Manual o libro introductorio, que cuenta la historia del ALEC y presenta infor¬maciones y explicaciones pertinentes a la metodología, apreciación y comprensión de toda la obra. Un Glosario lexicográfico, que recoge alfabéticamente todos los vocablos que aparecen en los seis tomos, con sus correspondientes sentidos y ubicación por tomos y páginas. Y un Suple¬mento, más dos discos fono¬gráficos, que traen muestras de las canciones de cuna y de los cantos para velorio de niños y de adultos en las costas atlántica y pacífica.
En “El Espectador”, del 30 de mayo de 1985, Azriel Bibliowicz le dedica una honrosa nota que entre otras cosas dice:
“La nueva ciencia. Un hombre que cambió a Colombia.”
“... me sorprendió la noticia de la muerte del profesor Luis Flórez. Me dolió saber que el país perdía a uno de sus grandes catedráticos e investigadores. Conocí al profesor Flórez en su oficina del Instituto Caro y Cuervo cuando decidí escribir unas notas sobre el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia. No solo me impresionaron la frescura, buen humor y sencillez del profesor Flórez sino la tranquilidad y la seguridad del hombre que sabe que ha terminado una obra maestra. El profesor Flórez fue el director del equipo que atravesó 262 pueblos del territorio nacional y, después de 25 años de trabajo constante, nos entregó lo que se podría catalogar como la expedición botánica del lenguaje popular.”
“En Colombia siempre hemos vivido cultivando tres grandes vertientes del conocimiento: el lenguaje, la jurisprudencia y la botánica. El Instituto Caro y Cuervo se creó buscando continuar esta labor inte¬lectual iniciada por la gran figura colom¬biana del siglo XIX: Rufino José Cuervo. En 1983, Luis Flórez le entregó al país el sexto volumen del Atlas, que viene a ser la investigación más importante que se ha realizado en Colombia en los últimos años.”
“Siempre que trato de describir lo que es el Atlas siento que me quedo corto. Leo de nuevo lo que he escrito y a pesar de los esfuerzos que busco hacer, soy cons¬ciente de que las palabras no lo retratan. El Atlas entra por los ojos. Sin embargo, quiero continuar con una de las lecciones que nos deja el profesor Flórez: la constancia. Así, pues, intentaré hacerlo de nuevo, aún cuando sé de antemano que me quedaré corto. Son seis volúmenes, un manual, un suplemento con texto y dos discos de cantos de los velorios de las costas colombianas. Los gigantescos volúmenes están llenos de mapas, dibujos, fotos, planos y pentagramas, en donde cada lámina nos revela una palabra y nos enseña cómo se dice en las diferentes regiones de Colombia. En este sentido se recopilaron los principales términos que se usan en la vida cotidiana de los colombianos, fabricando con ello un mosaico de los dialectos del español que habitan en el país. El Atlas es una cantera del lenguaje vivo y popular de Colombia. El Atlas cruza las fronteras de las disciplinas. Es una obra especial para todas las profesiones. Los inge¬nieros y arquitectos descubrirán en ella una reco¬pilación de los principales planos y construcciones que se hacen en el país. Los médicos tendrán en este trabajo un instrumento que les permitirá conocer las creencias populares y las supersticiones que viven los diferentes pueblos. Datos necesarios para cualquier persona realizando su año rural. Los científicos sociales encontrarán una información rica a nivel etnográfico y además podrán conocer los diversos modos de producción que se han desarrollado en el campo colombiano. Las maestras hallarán en él los principales cantos y juegos infan¬tiles del país.”
“Realmente no sé cómo describir este trabajo que abarca tantas disciplinas y que le descubre a Colombia. Investigar siempre ha sido una labor revolucio¬naria. No es descabellado decir que con la desaparición del profesor Flórez el país pierde a un verdadero revolucionario. Gracias a su laborio¬sidad podremos encontrar su comple¬jidad. Me contó con una gigantesca sonrisa, que en más de una ocasión fue amena¬zado por las autoridades locales cuando realizaba el trabajo. Quizás estas intuían que el interpretar la realidad es el primer paso para transformarla.”
Referencias
RESTREPO GARCÉS, Germán. Nuevos datos biográficos de Luis Flórez. En: Presencia del Tolima en la Lingüística. Ibagué, Universidad del Tolima, 1987
PARDO, Carlos Orlando. El Líbano (Tolima) y Luis Flórez. En: Presencia del Tolima en la Lingüís¬tica. Ibagué: Universidad del Tolima, 1987
LOZANO RAMÍREZ, Mariano. Luis Flórez, Gran Maestro de la Dialectología Colom¬biana. En: Presencia del Tolima en la Lingüística. Ibagué: Universidad del Tolima, 1987
ALARCÓN LÓPEZ, Juan Francisco. El ALEC, Atlas Lingüístico Etnográfico de Colombia. En: Presencia del Tolima en la Lingüística. Ibagué: Universidad del Tolima, 1987
MONTES GIRALDO, José Joaquín. Dialectología General e Hispanoamericana. 2ª ed. Bogotá: Insti¬tuto Caro y Cuervo, 1987.
HENDERSON, James. Cuando Colombia se desangró. El Áncora Editores, Bogotá, 1984.
JARAMILLO, Carlos Eduardo. Los Guerrilleros del Novecientos. Fondo Editorial CEREC, Bogotá. 1991.
GOMEZ, Luis Eduardo. Monografía del Líbano y biografía de su fundador, general Isidro Parra. Imprenta Departamental, Ibagué. 1961
