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La Coctelera

TRES LIBANENSES

Milton Argüello:
Tolimense consagrado a la medicina, la ciencia y la cátedra

Nació en el Líbano, Tolima, el 29 de julio de 1935,
creció en un hogar humilde donde predominó la
práctica y enseñanza de los valores humanos. La
formación recibida en el seno de su familia fue
fundamental en el desempeño de su carrera personal
y profesional. Desde pequeño, Argüello manifestó
una gran inclinación por la medicina y ese sueño
lo hizo realidad en 1963 cuando la Universidad
Nacional de Colombia le otorgó su título.

Realizó los estudios primarios en la escuela
pública de su ciudad natal y los secundarios en el
Liceo José Joaquín Casas de Chiquinquirá gracias a la
beca que obtuvo por su excelente desempeño
académico.

Su paso por el Liceo sería marcado por su esfuerzo
académico e intelectual, producto de las
innumerables tardes que paso en el laboratorio
realizando toda clase de experimentos.

En enero de 1956, un año después de graduarse como
bachiller, se radica en la capital e ingresa a la
Universidad Nacional de Colombia a estudiar
Medicina; emprendería así la realización del sueño
que desde niño lo había desvelado.

En 1963, la Universidad le otorga el título de
Doctor en Medicina y Cirugía. Tres años más tarde
es especialista en medicina interna.

En 1965 y 1966 realiza en París estudios de
postgrado en gastroenterología, preparación que le
otorga reconocido prestigio. Luego regresa por una
corta temporada al país, pero poco después
continúa sus estudios en la Universidad Libre de
Bruselas en Londres y Copenhague. En 1973 sus
compañeros y maestros le confieren un amplio
reconocimiento en la amada Ciudad luz.

Milton Argüello se entregó con pasión a la carrera
pedagógica, oficio en el cual se desempeño durante
muchos años. Inicialmente fue instructor asistente
de la sección de Medicina Interna, profesor
asistente de la misma sección y profesor titular
hasta 1979.

En 1986 en un acto solemne que incluyo discursos
sobre su vida, recibió el título de Maestro
Universitario. Fue fundador y Jefe de la unidad de
gastroenterología, director asociado de la revista
de la facultad de medicina y representante de los
ex alumnos en el consejo directivo de la facultad.
Participó como miembro fundador de la Escuela
Colombiana de Medicina, institución de la cual
posteriormente fue Presidente. Por sus constantes
y trascendentales aportes, repetidos y entusiastas
reconocimientos de parte de las sociedades
científicas de su patria, lo acreditaron miembro
dirigente en la Academia Nacional de Medicina, la
Asociación Colombiana de Medicina y de la Sociedad
Colombiana de Endoscopia digestiva.

Como mérito a su grandiosa labor ha sido merecedor
del Premio Nacional de Medicina Federico Lleras
Acosta, el Premio de las sociedades Científicas y
para satisfacción y orgullo personal las
distinciones conferidas por el grupo ecológico
Consejo verde y el Cedro de oro del Líbano, su
ciudad natal.

Obras: Realizó la publicación de mas de un
centenar de ensayos en revistas médicas y
científicas de ciudades como Bélgica, Francia,
Estados Unidos y Colombia. Sobresalen los trabajos
de amibiasis cólica y hepática, los de
gastroenterología y tuberculosis intestinal e
ingestión de cáusticos.

Milton Argüello falleció el 25 de enero de 1994.
Deja sabios aportes a la medicina y la ciencia mundial.

EL CULEBRERO, JORGE ANÍBAL VILLEGAS


El Culebrero
Jorge Aníbal Villegas, Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, Bogotá, 1986.

Introducción. Manuel Hernández B.

LAS ORACIONES DE VENTA
Venta de la contra con los 7 metales vírgenes hindúes
Venta de la pomada indostánica
Venta del libro de recetas medicinales
LOS ALIMENTOS
Trabaja en el Astor
El dulce cubano
LA INFANCIA
Infancia
Vendedor de periódicos de Medellín
LA VIDA
Vendedor ambulante de Medellín
Primeros contactos con los culebreros
LOS MONSTRUOS
El corazón de piedra, los monstruos niños y la momia enana
LA SALUD, LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE
Trabajo en el hospital
Alcohol y viajes
El suicidio

INTRODUCCIÓN

Los textos que se presentan a continuación hacen parte de una investigación realizada por Jorge Villegas Arango, durante el lapso comprendido entre 1976 y finales de 1977, cuando falleció en Bogotá. Fue investigado Francisco Correa Múnera, colombiano de 66 años, quien desde muy niño tuvo que trabajar para sobrevivir.
Al lograr cierta noción de las cosas decidió hacerse "Culebrero", es decir, fundamentalmente, mediante el sistema de ofrecer curación a las enfermedades del pueblo, especialmente a los niveles de población analfabeta y campesina, o recién llegada a la ciudad, como el propio Correa, atrayendo a las gentes, además por excitación de la curiosidad de que alguien conociera secretos no divulgados para sanar a los enfermos o evocando una sabiduría pretérita, lo que en el caso de nuestro país, tiene que ver con la condición étnica de nuestras mayorías populares que son mestizas de blanco europeo e indígena en un proceso, cuyos interesantes perfiles se alcanzan a ver en el testimonio de este hombre.
Los 60 años de vida consciente de este hombre desfilaron por las páginas de la investigación. Este trabajo se hizo mediante el uso de la grabación magnetofónica, invitando al sujeto a narrar su vida. El propósito se veía frecuentemente demorado y obstaculizado por algunas resistencias del "Culebrero" a entrar en plena confianza y por la mezcla de dos niveles que es difícil separar y donde justamente interviene un cierto sabor de ficción que hace la totalidad de la investigación y los textos seleccionados especialmente sugerentes del pasado del pueblo, incluyendo su imaginación y su sensibilidad. Estos dos niveles son la sincera exposición de su vida, respetando y enriqueciendo anécdotas en la medida que avanzaba el trabajo y crecía la confianza del "Culebrero2 y el otro nivel lo constituyen los momentos donde se lograba crear el clima necesario para que el "Culebrero" narrara algunas de las composiciones que construía, improvisaba o variaba para vender sus medicamentos.
Se destaca el hecho que la vida de este hombre constituye una especie de "registro sísmico" de las diferentes épocas y traumatismos de la historia de los últimos cincuenta años de Colombia.
El "Culebrero" aparece en la plaza como una mezcla de divulgador y comunicador. En 1930 Colombia se demoraba para definir el tiempo de vías que irían a romper el ancestral distanciamiento entre zonas climáticas, regiones de colonización común, provincias divididas políticamente y pueblos entre sí. Se construyeron tramos de ferrocarril que durante años no se interconectaban. Se abrían carreteras que el descuido y la naturaleza tropical volvían a cerrar. En ese momento el "Culebrero" se apropia de los primeros medios de comunicación: el tren, el bus, el megáfono o ampliador de la voz y busca comunicación que compensa la modernidad, y que se logre poner en contacto con el inconsciente colectivo, y para eso, busca la culebra. Enemiga del colonizador, abundante en especies y variedades en las zonas selváticas a donde se había ido retirando (hoy todavía lo hace), el indígena más o menos puro y del que se suponía, como ya se dijo, que conservaría alguna sabiduría pagana o "diabólica", como lo expresaba la Iglesia Católica en documentos muy recientes, para conjurar la enfermedad y conservar la independencia y la vida misma. Igualmente en la teología cristiana es la culebra una de las formas que toma el mal para que las primeras criaturas caigan en el pecado original.
Para el ejercicio de su "profesión" Correa desarrolló una aguda visión de las contradicciones que existían en su derredor y las transformaba en un don de persuasión. Su testimonio es una mezcla de picardía y vida ejemplar. Nunca arrojó sobre la sociedad nada distinto a imaginación, inventiva y un perenne candor que hace de estos textos una especie de recolección de literatura popular proveniente de un solo receptor o intermediario, que hacía las veces de juglar de la edad media mezclado con el curandero de la tribu y el sacerdote de una religión que cada vez se imponía más en su época dorada: la modernidad.
"El propagandista" se le decía, propagaba, incluso, la medicina de laboratorio; que era su competidor y su auxiliar. "La excelencia del producto" que hoy afana a los agentes de publicidad, su apariencia evocadora de lo que la gente quiere ver y oír, y en general el ofrecimiento de un bienestar a cambio de dinero por el producto alabado, tienen su antecesor en el culebrero.
Producto de su medio y persona capaz de lograr la aceptación del mismo sin más palanca que su propia capacidad de creador oral, teatral y mágico el culebrero está en el fondo de nuestros recuerdos populares y aún en nuestra literatura.
García Márquez, en todos sus escritos, coloca como en un segundo plano a este hombre que acompaña como una sombra la credulidad y el escepticismo de nosotros los colombianos.
Esta investigación saca de este segundo plano al culebrero y lo vuelve protagonista de sí mismo y de todos, como un ente novelado.
Los textos seleccionados quieren ofrecer una visión de la riqueza de este material y a la vez de la importancia del tema. Hoy se presentan acompañados de un conjunto de recreaciones del material o en otras palabras traducciones de la atmósfera del texto al lenguaje plástico. Desde la mitología azteca, pasando por la zoología fantástica y la teología cristina, hasta los encantadores de serpientes que constituyen una casta aparte de la India, la culebra ha significado muchas cosas, incluyendo el símbolo del caduceo donde el animal entrega su veneno, su
capacidad de muerte y el hombre la transmuta en antídoto, en remedio, en conquista de la vida.
El testimonio de Correa y la intención de provocar, mediante la investigación, este testimonio, es una bella metáfora de cómo un hombre, individuo y símbolo de su pueblo, vence al abandono y la precariedad de sus medios de vida para construir esta carta de viaje, sincera y popular. Se aprecia que los textos sobre "viajes, salud y demás", están en estado "bruto" o sea, pueden ser leídos tal y como sucedió la grabación. La forma de trabajo del investigador y mucho de la "literatura oral" o forma de narrar del investigador quedan así, patentes. Entre estos textos y los iniciales colocados al comienzo de este libro, hay una diferencia: los segundos han sido modificados por la labor paciente de Villegas de suprimir repeticiones y modismos para darles una estructura narrativa.
Entre unos y otros se puede apreciar la diferencia de un material antes y después de pasar por un tamiz, sin duda valioso. La expresión del "Culebrero", pues, permite diferentes aproximaciones y en este modo nos sentimos en condiciones de entregar las dos más extremas. Hay otras posibilidades que son susceptibles de un trabajo posterior. No debe olvidarse que la investigación en su totalidad abarca de setecientas páginas de transcripción y material fotográfico.
Las atmósferas del espectáculo que el culebrero monta son imposibles de transcribir en palabras. Algo de magia, teatro y poseía tiene que haber en la decisión del culebrero de iniciar su oficio un día, en una plaza de una ciudad o de un poblado.
Esta anotación se hace con el criterio de invitar al lector del material a reflexionar sobre la abundantísima serie de factores que hay que explicar para llegar a un estado de comprensión satisfactorio de lo que significa este material no sólo para estudiosos de la vida social e individual de los colombianos sino sobre las maravillosas relaciones entre estos dos niveles en la escala de lo popular, por oposición el documento y la vivencia, a lo elitista. Describir este material del culebrero y llevarlo a una forma que pueda ser publicado y apreciado en su totalidad es tarea que implica en buena medida sacarlo de dentro de nosotros mismos, así de indisolublemente pegado se halla a nuestro ancestro social y particular.
Una pregunta sobre Jorge Villegas, investigador: ¿Por qué realizó esta investigación? Porque entendió que la vida del hombre colombiano era o estaba o está atravesada por una dicotomía: que el mayor esfuerzo de nuestras instituciones sociales se centraba en no permitir una comunicación entre los colombianos de "cierto nivel" y el pueblo del cual habían surgido. La Iglesia, el Estado, la cultura de lo artístico, se fijaron metas alejadas de la expresión popular.
El hombre del pueblo se veía pues obligado a hacer un esfuerzo descomunal para contrarrestar la fuerza contraria. No hubo durante muchos años ni una sola oportunidad de hacer público, mediante los estímulos e instrumentos de la comunicación moderna, el mundo de lo popular. Aún en 1950, un 70% de la población vivía en el campo y no existían los receptores de radio equipados con transistores, ni la televisión. Así las cosas, surge como tema o centro de interés, el "Culebrero" y surge así mismo el investigador que quiere dejar plasmado "ese mundo". Se ha intentado dar una respuesta a la pregunta formulada, describiendo el surgir simultáneo del objeto a investigar y el investigador. Esta disciplina ajustada pero que difícilmente puede recibir el nombre de científica, es el resultado de una experimentación en y sobre el ser social. El material que se produce después de estas experiencias con el pueblo y su memoria consciente, historia sencilla o con sus archivos inconsciente especie de yo colectivo, se acerca a una especial emoción que es a la vez la expresión síntesis fruto de la madurez, el arte. Estos textos son a la manera de cuentos de Rulfo, texturas de Guimaraes Rosa, atravesados por la fábula o habla escuchada en centurias de tradición oral de una García Márquez. Sólo para abundar en persistencia y realismo el escucha intermedio se retira sin añadir nada distinto a su magia de amanuense y surge entonces ese material de crónica apto para convertirse en un conjunto de símbolos que nos ayude a identificar; porque, como tal vez sea oportuno repetirlo, somos nosotros mismos los protagonistas de este oficio de culebreros; es de nosotros mismos de quien se habla aquí. No es el antropólogo describiendo fríamente la conducta del indígena, es la suma de esfuerzos del indígena que llevamos dentro por expresarse y la primera ocasión feliz en que un oído nuestro se ha disputado llanamente a escuchar, procesar y transmitir este mensaje.

MANUEL HERNÁNDEZ BENAVIDEZ
Bogotá, junio de 1979

1- VENTA DE LA CONTRA CON LOS 7 METALES VÍRGENES HINDÚES

Hágame el favor caballero y se me corre para allá un poquito, la señora también, el niño no se me siente ahí mijito, vamos abriendo la rueda estimadas damas y caballeros porque necesito espacio amplio para extender esta serpiente, este peligroso animal que voy a pararlo en la punta de la cola por medio de un secreto porque, mire, yo soy el hombre conocedor de muchos secretos, soy viejo de 70 años y cuando tenía la edad de 10 me interné en la selva con el indio Paramachula, el cacique Pinipiguasca y la india María Chuspazuli. La india se encaramó a un árbol y le metió un machetazo, del árbol empezó a brotar leche y la india la agarraba en un calabazo, yo no sabía para qué servía y le pregunté a Paramachula que me respondía: Matarru matarra, queriendo decir, palabra indígena, que la
india era sabia y bruja, porque la india cogía esa leche y se la daba a un hombre y así como el árbol sin leche se iba secando así también el hombre que la bebía se iba secando. Secretos de la Madre Naturaleza. Mire señor, yo soy de acá del departamento de Antioquia de una tierra muy pequeña donde no se mata a nadie con cuchillo ni con revólver, no señor.
Cuando tenemos un enemigo que se llama Arturo, por ejemplo, cogemos un sapo, le cosemos la boca y lo bautizamos con el nombre de Arturo y lo enterramos. El sapo empieza a penar y Arturo, pena; muere el sapo y Arturo muere. Así es señores. Mire, en los llanos Orientales a un llanero que le roben el caballo o le roben el ganado no corre a denunciarlo a la policía.
El llanero conoce el secreto de la puya de raya. Llega el llanero con la puya al lugar donde pisó el ladrón y hace una cruz sobre la pisada con la puya y reza una oración. A los poquitos días regresa el ladrón con una llaga en forma de cruz; si el llanero se la quiere curar le hace un soplo y se la cura, si no, lo deja así para sécula seculorum, con esa llaga para toda la vida, compadre. Y muchas otras cosas porque en esta larga vida que he vivido he aprendido tantos secretos, he visto tanta maldad en el ser humano que usted no se lo imagina, compadre. Porque hay gentes buenas pero también hay gentes malas. Hay gentes de buenas pero hay muchas gentes que son de malas, que nacieron saladas o que las salaron. Porque hay quienes consiguen plata de la noche a la mañana, en cambio hay otros que ponen un negocio y fracasan. No todas las suertes son iguales. Hay ojos buenos y hay ojos malos. Hay gentes que pasan por un jardín y lo secan, lo apestan.
Mire señor que hasta para pedir limosna se necesita suerte, hombres que roban y son honrados senadores y padres de la patria y hay hombres que no han robado y están pudriéndose en las cárceles porque son de malas. Mire compadre, dos médicos que estudiaron lo mismo y en la misma parte, que fueron compañeros de clase, mientras el uno mantiene el consultorio lleno al otro no le entra nadie ¿Por qué? Porque a éste cuando opera se le muere el paciente. Y la gente pregunta ¿Quién lo operó? El doctor Rodríguez, pues claro tenía que morirse. Y si bien que le van a llevar un enfermo dicen ¿Dónde el doctor Rodríguez? No vas allá, por Dios, que no regresas vivo. Ese médico es de malas. Hay niños que nacen muy bonitos y de la noche a la mañana amanecen con los ojitos dañados, porque hay mal de ojos. Gente que tiene un negocio y vende mucho pero de repente el negocio para atrás. Le salaron el negocio, le tiraron una porquería. Vea, acá en Medellín hay un señor que trabaja en el Hotel Nutibara, que tuvo mucho dinero, mucha plata y hoy lo veo dizque de mesero en un hotel ¿Por qué? Porque ese señor se
encontró por ahí con una mujer que le dijo que lo quería mucho, lo cogió y le dio una porquería que lo embobó y le quitó todo lo que tenía y hoy ella está viviendo por ahí con un muchacho de 18 años. Cuídese compadre que este mundo está lleno de maleficios y de mala suerte. Los indios que conocen los secretos de la Madre Naturaleza desde que nacen cargan su contra, su amuleto, que los preserva del mal y los vuelve de buenas. Esto me lo enseñó el indio Paramachula y el cacique Pinipiguasca quienes me dieron el secreto del amuleto con los 7 metales vírgenes hindús inradiados que lo defienden a usted contra envidias, calumnias, porquerías, rezos, alumbrados, maleficios, hechizos, tomizos, bebedizos y traiciones. Es usted de malas en el juego, de malas en el amor, juega la lotería y pierde, juega chance y pierde, tiene su negocio y va para atrás, todo lo
que usted hace pierde, cuídese señor, a usted le han tirado sal. Quiero ayudarle amigo. Cárgueme este, mi secreto. Cárgueme con fe esta mara, esta contra para que tenga suerte en el amor y en los negocios. Todos los que han triunfado en la vida cargaban su contra, el mismo Bolívar cargaba la suya, Leonidas Lara cuando murió fueron a verlo los hermanos y le encontraron su herradura vieja colgada en el pecho, también tenía su agüero. Todos en el mundo tenemos agüero. Tenga fe en Dios, crea en los secretos y cárgueme esta contra, amigo. Esto no le sirve a todo el mundo, hay que tener fe. El que no tenga fe que no la lleve. Para todo hay que tener fe, caballero, si usted va a una iglesia a pedirle a un santo, a sobornarlo con una veladora pa’ que lo socorra pa’ que se gane la lotería usted tiene que ir con fe, si no nada le sirve.
Si tiene fe me vas a pagar este mi secreto, me vas a apuntar la hora y el día en que te lo entrego porque te digo: líbrate del hechizo, líbrate del tomizo, líbrate del bebedizo, líbrate de envidias y calumnias, líbrate de sales. Cubre como lo cubrió Nuestro Amo Santísimo dentrando a las puertas de Jerusalén. Ahora damas y caballeros prestadme atención porque le voy a dar el rezo y la bendición a este mi secreto, la contra de los 7 metales vírgenes hindús inradiados: Oh hermosa piedra que anduviste con la samaritana, que al sol tu hermosura le diste, yo te desahumo con oro para mi tesoro, con plata para mi casa para que no falte dinero ni pan ni techo para mis hijos. Que Dios bendiga la mirra, que Dios bendiga el altar, que Dios bendiga la cama donde te vas a acostar. Espíritu espíritu espíritu. Oh hermosa piedra que anduviste por tierras y por mares sufriendo amarguras, traiciones y desengaños, quiero que la persona a quien entregue, este mi secreto, no tenga traiciones, amarguras ni desengaños. Espíritu espíritu espíritu. Estas palabras las digo con toda fe en el dulce nombre de Jesús María y José. Padre Hijo y Espíritu Santo Amén.

2- VENTA DE LA POMADA INDOSTÁNICA

He aquí el comienzo de la venta de la Pomada Indostánica:

"Ustedes no saben cómo es mi nombre, porque mi nombre sólo está escrito en nuestra madre: la madre Naturaleza, que es lo más hermoso, lo más querido. La que me ha enseñado a intername en las grandes selvas del Putumayo y el Carare. Mire usted, ahora dicen muchas personas que la culebra. No se preocupen que ya casito la saco. Está escondida, me la fueron a traer. Pero, yo no conozco culebra más grande que la lengua que les está hablando, mi estimado amigo. Espérese un momentico para que vea usted lo que es secreto y lo que es ventaja. Lo que es irradiase uno con los espíritus divinos para principiar a trabajar aquí en estos sitios, donde todos llegan, miran, se van y nadie paga. Porque ninguno tiene que pagar por la dentrada y mucho menos la salida, mi estimado compañero. Yo no les voy a cobrar ni veinte ni quince ni diez ni cinco. Póngale mucho cuidado. Eso sí, la persona que no haya dejado el burro amarrado, de pronto puede que corcovee y le derrame la mazamorra. Voy a clavar la rodilla en tierra y voy a presentales una serpiente que ustedes no conocen. ¿Saben cuál es la serpiente que ustedes no conocen? La que van a ver aquí dentro de poquísimos instantes, porque yo juro por Dios y su Santo Nombre, que no lo he conocido, pero que creo en él, que sí hay secretos y que sí hay ventajas, y que ustedes lo van a ver aquí con sus propios ojos, que se los ha de comer la tierra, que es lo que se llama el inotismo prático y moderno. Hace muy poquito rato que concursé en el Congreso de Brujería de Bogotá, sí señor, y fui uno de esos que con la mirada seduje lo que quise y obtuve un premio, galardón bastante delicado en eso de ser botánico naturalista, mi estimado amigo. ¿Y qué voy a hacer? Lo que les prometí por la prensa, la radio y la televisión hace poquito. ¡No se retire nadie! Pacho Correa, el mago de los culebreros, va a comenzar a demostrales lo que es el poder de nuestra madre, la Naturaleza, lo que es la verdadera botánica. Señores, el orgullo personal mío propio es tener el gusto, la satisfacción de presentales a ustedes al gran culebrero de Antioquia, Francisco Correa, un hombre de misterios y secretos, hombre de verdá verdá, que va a demostrales para que sirve la baba del sapo con el extrato del curare"

3 - VENTA DEL LIBRO DE RECETAS MEDICINALES

Honorable y respetable público: hoy que por primera vez visito esta localidad ya veo personas que estarán diciendo: qué clase de ave rara será este hombre, de dónde viene y para dónde irá. Así dicen las personas que no me conocen. Otros, de seguro, me estarán criticando, pero no liace, yo no hago caso de la crítica. No. Y voy a decirle porqué mi estimado caballero: yo tuve una cuna pobre, humilde pero muy honrada, cuna que se meció al impulso de la religión católica mil veces bendita y por eso digo las palabras de nuestro Amo Santísimo: manu lava manu y molde hace molde, queriendo decir, el ladrón juzga por su condición porque para un hombre ladrón no hay un hombre honrado y para una mujer mala y corrompida no existe una mujer buena.
Para que ustedes amigos míos se enteren les diré quién soy. El hombre que acá se para en esta mal improvisada tribuna es el mismo que anuncia la prensa, la radio, la televisión y la revista Carteles de La Habana. Soy el renombrado botánico y naturalista, el célebre Campanín de las selvas, el hombre que sabe de secretos, hijo de un viejecito que cuenta en la actualidad 119 años de edad. Hombre que sabe dónde estarán lenguali, denguaru, francasu, casamuche, becay y lenguastrey, queriendo decir, palabra indígena, hombre que sabe dónde está la yerba que cura, la yerba que mata, la yerba que emboba, la yerba que enloquece. Las yerbas que nos dan la vida y las yerbas que nos dan la muerte. Soy conocedor de cinco mil plantas medicinales.
Voy a prepararme enseguida para trabajar con el serpiente más peligroso de las selvas del Amazonas, el serpiente capaz de enrollar, apretar y triturar un hombre menos valiente que yo. ¡Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, dame fuerzas para dominarla! ¿Ya está? ¿Qué cómo las domino, señor? Con los secretos de las yerbas y crea en las plantas. Porque en Colombia tenemos un grave error. ¿Cuál es caballero? Que tenemos en el huerto, en el prado y en el jardín de la casa las plantas pero, usted las coge, las arranca, las pisa, las arranca con el calabazo, el machete o el azadón y si aquellas yerbas pudieran hablar le dirían: ¡insensato, no me destruyas que yo te curo! En cambio ¿qué hace el extranjero? Coge la planta con ternura, como si se tratara de su hijo más querido y se la lleva para los grandes laboratorios del exterior donde la machaca, la envasa y nos la devuelve en píldoras, jarabes e inyecciones que son remedios, sí señor, pero más caros. Porque la gente cree que si los remedios vienen en envases bonitos y con nombres raros curan mejor. No señor. Por eso desprecian al agua fresca del manantial.
Un sabio amigo mío un día me preguntó: ¿Cuál es la mejor bebida? Estábamos en un café y los borrachitos le respondieron, unos que el aguardiente y otro que la cerveza helada. Nos respondió: No señores, la mejor bebida es el agua pura. Por ejemplo, si usted está estítico, yo no sé cómo expresarme para que me entienda, mejor dicho, si va al inodoro a hacer del cuerpo y no puede, puja y puja y se brota en sangre pero nada y así tres o cuatro días sin hacer del cuerpo, no se purgue señor, tome agua pura. Cuatro vasos de agua al día y con eso tiene.
Ahí va mi primer secreto señores. ¿Ven este fruto que se llama sidra? Es el alimento del pobre, lo más barato que se vende en el mercado, lo come el campesino y la gente del pueblo con frisoles. La sidra tiene un secreto: Si usted sufre de una enfermedad llamada el diabetis hágame el favor, dama y caballero, de cogerme la sidra, me la pela, me la pone a licuar y tómese esto por las mañanas mezclado con unas ramitas de apio. Hágame esto durante varios días y se cura, señor, porque la salud es Nuestro Amo Santísimo en los cielos y plantas medicinales en la tierra.
Va mi segundo secreto, señores: ¿Cómo se cura el asma? Como la hacía el indio en la selva que cogía el animalito que llamamos armadillo o gurre, comía su carne que es un gran alimento y se bebía su sangre y con ella se curaba del ataque del asma de pecho. Secretos de los indios mi estimado compadre. Cuando la india se encontraba en estado de pirimpin, embarazada, le daba por comer tierra o comer cal, por aborrecer al esposo o aborrecer al vecino, cogía un pedacito de concha de gurre, la raspaban y se lo daban a tomar a la india y le desaparecían los ascos, ¿Y cómo curaban nuestros abuelos el ataque de orina? Cogían un animalito que llama el grillo negro, lo tostaban y se lo tomaban con agüepanela y se curaban. Señores, ahí van tres secretos.
Voy a enseñarles señores otro secretico y a nadie le voy a cobrar nada. Si tienen en la casa un niño con tos ferina, no lo deje morir, amigo. Porque hay padres que no saben qué hacer y cuando el niño se muere ponen las manos al cielo y exclaman: "Bendito sea Dios, un ángel más para el cielo". La fe te salva, dijo Jesucristo, pero también dijo: "ayúdate que yo te ayudaré". Hay un astro que se llama sol y trae la luz del día. Este astro ilumina en la ciénaga y en el arenal donde está la espada para combatir la muerte. No deje morir a su criatura porque los hijos de los humildes son los soldados de la patria mañana. Vea mi secreto: hay una yerba que ustedes bien conocen porque la colocan en sus casas amarrada, prisionera de la buena suerte. Se llama la penca sábila. La penca de sábila se mete al rescoldo, se calienta y los cristales se revuelven con la carnosidad del mango maduro, mézclelos con miel de abejas y tres cogollos de guayabo agrio y dele este bebedizo al enfermo que sufre de tos ferina o de asfixia, se acordará usted toda la vida de los secretos de este humilde servidor.
Hay gente que se me acerca y me dice: Usted que vende pomadas tan buenas véndame una para las manchas de la cara. La cara manchada no se cura con
pomadas, porque el mal viene de adentro, es el estómago enfermo, sucio. Mejor consígase una planta llamada llantén, macháquela y tome el zumo revuelto con jugo de limón en ayunas. Ha habido gente que ha hecho este tratamiento durante cuarenta días y se han salvado de operaciones, pues se han curado de úlceras gástricas y estomacales.
Hay quienes parecen perezosos sin serlo, lo que pasa es que llegan al trabajo, empuñan la herramienta, pero al agacharse ay, ay, ay, ay, ay un terrible dolor en la cintura: son los riñones. Consígase una planta que se come el ganado y que se llama pasto micay, otra que se llama dentiaguja con los cabellos del chócolo.
Cocine todos los ingredientes y tómese diariamente unas bebidas y se acordará usted del secreto que le dio este humilde servidor.
Dobus qui nobis sacramentus mirabilis cancinem memoriam reliquistis. Latín, sí señores, porque yo estuve en el seminario pero me echaron porque tuve una enfermedad: me gustan más las mujeres que los hombres, mi estimado señor, y perdóneme que sea franco porque yo veo acá a muchos de mis hermanos que dicen dizque son muy machos porque pelean con 7 u 8. No es macho, señores, el hombre que pelea con 7 u 8. ¿Saben quién es macho, caballeros? El hombre que no se doblegue ante las caricias de una mujer. Porque mire señor: yo conozco hombres casados que llevan nueve años desposados y la señora, durante todo ese tiempo, acariciando un perro, abrazando un gato, jugando con una muñeca de trapo. Y si de pronto tiene un hijo, se parece más al vecino, se parece más al patrón. Vean mis secretos, señores, para curar la impotencia: hay un árbol que se llama ciprés y que también le dicen pino, coja doce botones de pino, tres cogollitos de guayabo agrio y una fruta del Brasil que se llama nuez moscada. Raspe media pepita de nuez moscada, machaque los doce botones de pino y póngalos a cocinar, écheles miel de abejas y prepare un jarabe y se toma dos copitas diarias y vea señor, esto lo vuelve fuerte, más fuerte que el hombre Hércules de la mitología griega. Ya no necesita que el gallo vecino cante porque en su casa ya hay gallo que canta. Usted antes se iba a subir al papayo a comerse la papaya madura y, cuando iba a medio palo, caía fritao. Ahora no, porque esto le da potencia, esto le da berraquera mi estimado señor.
Voy a enseñarles a ustedes otros de mis secretos. Yo vivo señores en la ciudad de Medellín como antioqueño que soy y en mi casa hay un aviso que dice: Se compran y se venden yerbas. Allá llegan a cada rato las personas con los bultos llenos de barbasco, quina y el romero. ¿Y qué hace usted con el barbasco y la quina y el romero? Cojo las yerbas, las machaco y las pongo a cocinar en una vasija grande y con otros ingredientes secretos preparo una receta especial. ¿Y para qué sirve? Las personas casadas pueden prestarme su atención y el cochino puede retirarse porque voy a hablar del aseo personal. Hay personas que se pasan la peinilla por el cabello y les queda enredada una cosa que parece viruta, aserrín de carpintería, el cabello se les cae por manotadas, esto se llama caspa voladora, caspa trementinosa. Hágame el favor caballero, váyase al baño, échese agua fría y enjabónese bien la cabeza, una vez que se haya enjabonado me coge pasta que yo preparo y con su espuma se da un pequeño masaje por toda la raíz del pericráneo, luego se me seca bien el cabello y no se me unte nada más, con esto tiene para curarse la caspa. Conozco muchas personas que llegan a un baile, sacan a la señorita a bailar una pieza y al momentico ella dice: Vea caballero no puedo seguir bailando con usted. ¿Sabe qué sucedió? Que cuando el señor levantó el brazo para arriba
cayeron de los árboles privados los gallinazos. Esto es lo que se llama grajo o chucha. Hágame el favor de bañarse y úntese este preparado y seguro que la chucha tiene que irse a comer las gallinas del otro gallinero. Hay personas que se quitan las medias y la cotiza o el alpargate y los ratones salen en desgracia porque hace estornudar un muerto. Esto es lo que vulgarmente se llama pecueca. Lávese los pies, séquelos y aplíquese mi preparado. Se acordará usted de su eficacia. No solamente esto, señores, veo muchas personas por acá que se meten las manos en los bolsillos y se la pasan cazando tiras del calzoncillo, rascan por los lados de Copacabana, rascan por los lados de Girardota, rascan por Guarne y entre más rascan más ganas les dan de seguir rascando porque el comer y el rascar el trabajo es empezar. Esta es una enfermedad que se llama alegría en Cundinamarca, cutu cubano en el Ecuador y aquí en Antioquia le decimos carranchil. Váyase al baño, enjabónese con mi producto y santo remedio, se acordará usted de su eficacia.
Pero señores, volvamos a las yerbas porque hoy no traje el jabón de barbasco y quina. Ah benditas yerbas y plantas que nos dejó el Señor en su infinita bondad para que venciéramos las enfermedades y los males. Vean ustedes caballeros. El aguacate sirve para los pulmones, su pepa sirve para las almorranas, la cebolla sirve p’al cerebro y p’al estómago, la lechuga pa’ dormir, el limón desinfecta y sirve p’al estómago, pa’ la vista y p’al dolor de cabeza.
Y ahora voy a hablar del ser más bello, del ser más querido que hay en la tierra: la mujer. Usted bien sabe, caballero, que el palacio de un rey no se adorna con diamantes ni con esmeraldas sino con una reina, con una mujer. Porque mujer es la madre del rey, la madre del presidente, mujer es nuestra esposa, mujer es nuestra hija. Dios lo comprobó colocándole aquel galardón a María Santísima. Pero yo conozco hombres que llegan a la casa y porque la señora está de mal genio la cogen del cabello y barren la cocina con ella. "No lastiméis a la mujer ni con el pétalo de una rosa".
Desventurados, no comprenden que aquella mujer padece enfermedades que nosotros los hombres desconocemos y no padecemos. Se llaman enfermedades de madre. Flujos blancos, cancerosos, hemorragias complicadas cuando viene el período que llega adelantao o atrasao y sienten una tristeza enorme y deseos de llorar.
Conozcan ustedes los secretos de la altamisa, la savia amarga y la ruda de Castilla, pero señores no le hablo más. Más bien voy a entregarles a ustedes unos folletos que traigo donde están explicados todos los secretos de las plantas de la Madre Naturaleza pero, díganme claramente, ¿les interesa o no les interesa? Gracias señores por su confianza. Me perdonan pero no traigo gran cantidad. Este folleto contiene 125 secretos de cómo se cura una hernia, cómo se cura una quebradura. Por ahí estoy oyendo decir a un señor: yo quiero saber cuál es el chalique, el antimonio, el cacao sabanero. Lo que se llama chalique o cacao sabanero es una planta que se llama borrachero. Hagan el ensayo: consíganse un pepino de borrachero y le abren un hueco donde le introducen un grano de mazorca, déjenlo adentro cinco minutos, tírenselo a un ave de corral y se priva, déjenlo veinte minutos y el ave de corral se muere. Porque hay plantas que curan y plantas que matan, sí señor. Es tan sabia la naturaleza que hay árboles que dan fruto y árboles que no lo dan, y tierras benditas y tierras que no sirven para nada, hay piedras que dan oro, diamantes y esmeraldas y otras que no dan nada. Eso nos lo da Dios para que nos demos cuenta de que existe el bien y el mal. Sí señor.
Este librito tiene ciento veintisiete fórmulas. Si se las cobrare barato, a peso cada fórmula, darían ciento veintisiete pesos porque yo soy pobre como nadie es y no tengo fábrica de papel ni tengo tipografía. Pero voy a ser generoso con ustedes. ¿Saben qué voy a hacer, caballeros? No me den treinta pesos, no me den veinticinco, ni me den veinte, ni me den quince.¿Saben qué voy a hacer , caballeros? Voy a cobrarles únicamente la porquería de diez miserables cochinos billetes de a peso. Para el que tenga fe y crea en Dios, crea en las yerbas y crea en las plantas, sí señor. Tengan la plata en la mano todas las personas que lo vayan a comprar porque el profesor Campanin sólo dará una vuelta al ruedo. Una acá para la señora, otra allá para el señor y otra para el caballero, mil gracias señores. Tengan la plata lista y en la mano porque no traigo cargas del libro, sólo pocos ejemplares. No se muevan de su sitio que ahora va a empezar lo mejor. Una acá para la dama y otra ustedes del gran botánico y naturalista Campanin de las selvas, hombre de secretos y misterio. Se están acabando los folletos porque lo bueno no dura. Uno acá para la anciana, otro para el joven, mil gracias. Que nadie lo lleve por lástima. Quedan únicamente tres folletos, esto se acabó amigos y recuerden que hay yerbas que curan y yerbas que matan, yerbas que emboban y yerbas que enloquecen.

4- TRABAJA EN EL ASTOR

Me coloqué con don Enrique Weiss, el fundador de la confitería y salón de té Astor. El había llegado a Medellín a trabajar con galletas Noel pero pronto se aburrió y montó su saloncito con unas laticas que tenía. Me tocaba hacer los helados en una máquina que se voltiaba. Además salía a llevar bizcochos a El Poblado, Envigado y al Club Campestre. Me acuerdo que cuando vino a Medellín el doctor Olaya Herrera, por los años 30, don Enrique hizo un bizcocho muy grande y muy bonito para él. Yo llevé el bizcocho, a mí me tocó partirlo. Tenía el escudo de Colombia y una tarjeta en pasta que decía: Bienvenido Señor Presidente e la República. A Olaya le gustó mucho y me dio veinte pesos y le mandó 50 más al Míster, quien dijo: no estar pidiendo limosna y devolvió la plata conmigo. Yo me quedé con todo el dinero.
Me ganaba 10 pesos mensuales libres porque la comida la traían del Club Unión, y nos la daban ahí.
Tenía 15 años y ya me gustaba mucho el trago. Las propinas y el dinero que recibía me lo tomaba por las noches en Guayaquil. Empecé a tener problemas con don Enrique por la bebedera. Yo entraba borracho a trabajar y por eso me hacían la guerra. Duré como dos años y, finalmente, don Enrique me botó por borrachito. Me hizo firmar un papel que decía que salía por voluntad propia pero, la verdad, es que él me echó. Mientras estuve en el Astor aprendía a hacer unas repollitas fritas. Cuando me echaron, me fui para la Calle del Codo, donde un viejito que vendía café con leche en unas ollas. Le cuidaba la tienda por la noche y, mientras tanto, hacía en una hornilla las repollitas que salía a vender al otro día en el Parque de Berrío con el nombre de Salvavidas. Creían que estaba loco porque salía con un paraguas al que le ponía una bandera y todo el mundo se quedaba viéndome y, entonces, empezaba a anunciar las repollas: Salvavidas, el bocado rico
y sabroso de la vida; el morrocotudo remacanudo archicolosal y pistoletudo; miles y millones de paladares exquisitos lo piden, lo anhelan y lo vacilan: ¿Por qué será? Por su alta calidad que está que dicen: vení coméme ligerito antes de que me coma otra, el bocado predilecto del embajador que también apetece el embolador; Salvavidas sabrosito.
La gente se peliaba por comprármelas. Yo acababa rápido el surtido, eran una bolas grandes que vendía a centavo. Pero ganaba muy poco. Un día pasó don Enrique, el dueño del Astor, y me vio vendiéndolas. Me asusté y traté de esconderme pero me llamó y me llevó a la bizcochería. Esos suizos son buenas personas. Me preguntó cómo hacía los salvavidas y le conté. Me dijo: Creo que usted no gana nada porque yo las vendo a 10 y usted a centavo. Me aconsejó: no le eche mantequilla ni le eche huevo, mejor échele amarillo para darle color y suprímale la nuez moscada que es muy cara. Acepté su consejo y bregué a hacerlas como me dijo.

5- EL DULCE CUBANO

Preparaba unas torticas de dulce a base de harina de trigo, nuez moscada, raspado de corteza de naranja, azúcar y canela. Las amasaba con la mano y las echaba a freír. Las bauticé El dulce cubano. La gente me llamaba el loco porque salía a venderlas en un cajoncito con banderines y un vestido extravagante, y una sombrilla de colores chillones. Así llamaba la atención de las gentes, iba pregonando: Dulce Cubano, rico, sabroso, morrocudo, remacanudo, pistoletudo. Miles y millones de paladares exquisitos lo piden, lo anhelan y no vacila. ¿Por qué será? Por su alta calidad. Está que dice: Vení y coméme ligerito antes que me coma otro. Bocado rico y sabroso del embajador que también apetece el embolador. Lo vendía a centavo y a seis por cinco y se compraba mucho. Al principio me situaba por los lados del teatro Granada, en Guayaquil, donde daban dos películas mudas por cinco centavos. Después, vendía tanto que ya buscaba venteros.
Para anunciarlo también tenía unas hojitas con unos versos que escribió por cincuenta centavos un poeta bohemio que vivía en Guayaquil descalzo y casi siempre borracho:

Si usted quiere estar bien
fuerte, contento y lozano,
consuma el Dulce Cubano
conocido por doquier.
Leche, huevo y mantequilla
son del dulce componentes
todos estos, justamente,
con maizena y con vainilla.
Por eso el dulce cubano
ha triunfado en la ciudad,
pues lo consume, en verdad,
desde el niño hasta el anciano, etc.

Vendía mucho y con lo que ganaba, casi todas las noches, me iba para Guayaquil a tomar trago, oír música en las vitrolas y a estar con las putas. Por las noches llegaba a la pieza del edificio Toro, donde pagaba 7 centavos diarios por dormir y, preparaba el dulce cubano. Una noche estaba tan borracho que no me di cuenta que dentro del sartén habían caído dos ratones, uno grande y otro pequeñito. Al día siguiente vi la grande y la saqué pero quedó la pequeña. Por la mañana llegó un muchacho y me compró dos pesos de tortas y se fue a venderlas. Al rato regresó, furioso, diciendo: Vea, carajo, que casi me mata un ayudante de chofer al que le vendí una torta y encontró una rata dentro. Le contesté: Le debió cobrar más caro porque llevaba carne.

6- LA INFANCIA

Nací en Don Matías, Antioquia, en 1911. Hoy, cuando empiezo a recordar mi vida tengo 66 años.
Mi papá tenía una tienda. Era un hombre muy juicioso. Yo ni me acuerdo de él porque murió cuando estaba muy chiquito. Vestía con camisas de pechera, como se usaba en ese tiempo, ponchito y sombrero blanco aguadeño y un bigote grande que se retorcía. Un tío mío, el cura, conserva un retrato de él, pero como es tan orgulloso lo mandó retocar. Cuando lo vi le dije: Este no es el papá mío, usted lo mandó retocar y quedó de cachaco. Al papá mío lo quiero ver como era: de alpargates, de ruana, poncho y sombrero blanco.
Nunca se tomaba un trago. Recuerdo que yo me chupaba el dedo y él me echaba ají en los dedos para que dejara el vicio. De nada le valía, seguí chupándome el dedo hasta un día hasta un día cuando pasó un boquinche con el labio demasiado partido y hablando muy gangoso y yo le pregunté, aterrao, a mi papá qué tenía ese hombre y me respondió: Quedó así por chuparse el dedo. Ahí dejé el resabio.
Cuando se murió mi papá me tocaron quince pesos de herencia y para reclamarlos tuve que darle 5 a un abogado. Total, me quedaron 10 pesos. A mi mamá le fue muy mal ¡pobrecita! El que se casó después con ella fue pa’ quitarle lo poquito que tenía. A ese padrastro mío lo llamaban La Vaca Brava. Era abuelo de dos curas que publicaron libros sobre la violencia. El padre Blandón Berrío que escribió “Lo que el cielo no perdona” y el padre Gonzalo Jiménez, autor de “Caín nació en Colombia”. Cuando murió mi papá quedó mi mamá con 7 hijos, sólo sobrevivimos dos: mi hermanita que es monja y yo. Del otro matrimonio tuvo dos hijos más, hermanos medios míos, uno que es ahora policía jubilado y su hermana casada. No la vamos bien. El policía en una oportunidad me hizo encarcelar y otra vez me iba a echar bala.
Mi infancia fue muy triste. Mi padrastro no me quería y a todas horas me daba rejo. La pobrecita de mi mamá no se atrevía a decirle nada porque era de muy mal genio. Esa infancia fue de lo más duro que se pueda uno imaginar en la vida. Ya cuando empecé a trabajar, desde muy chiquito, pues desde los ocho años ya sabía yo lo que era trabajar y pagarse uno un almuerzo con su propio trabajo, todo el dinero que recogía él me lo quitaba. Me tenía como a un esclavo.
Yo a ratos me pongo a pensar y digo: Hombre, antes es una gracia ser uno medio algo en la vida. Pues hasta un pájaro necesita alas para volar en la vida y yo no tuve nada. Nunca sentí cariño de hogar, a pesar de ser yo tan generoso con mis familiares. Ni mi abuelita me quería. A esa viejita yo le lambía y no sabía dónde ponerla porque la quería mucho pero yo le caía gordo. Para el resto de sus nietos eran todas sus preferencias y a mí en cambio me ponía a hacer los trabajos más cochinos de la casa, a lavar los chiqueros de los marranos, a llevarles el aguamasa. Mientras los otros nietos los mantenía bien arregladitos a mí me daba la ropa que les sobraba.
Y todo porque ella odiaba al padrastro mío. ¡Como si yo tuviera la culpa! Como si yo fuera el responsable de que mi mamá se hubiera casado con la Vaca Brava.
Yo tengo un tío cura. Antiguamente la familia donde había un cura era muy respetada. Casi en toda Antioquia cuando veían a un cura todos llegaban y se arrodillaban y ¡Ay del que fuera a faltarle en cualquier forma al respeto a un cura! ¡Qué crimen tan espantoso! Yo conocí viejitas en el pueblo de San Pedro, donde vivimos, que agarraban los pantalones que dejaban por viejos los curas y los guardaban como reliquia para venderlos retaciados como escapularios. Mi tío el cura era rico, mejor dicho, en esas épocas se le decía rico en un pueblo al que tenía un par de zapatos o al que tenía un vestido nuevo que sólo se lo ponía los Viernes Santos en la procesión del entierro del Santo Sepulcro, el que tenía cuatro pesos era rico, riquísimo y por consiguiente buena persona. En cambio, el pobre, ese lo voltiaban a ver como una basura y no valía nada y sólo le decía ña Juana, ño Pedro. El rico era Don y podía hacer lo que le venía en gana. Y como mi tío era cura y rico, imagínese lo que podría hacer. Mi madre tenía una casa grandísima que le quedó de mi papá y mi tío se la fue quitando por pedacitos hasta que la dejó sin nada. Le fue pagando con pastillas de chocolate y libras de panela. ¡Y ver eso en la propia familia de uno! De ver esas cosas he vivido como estragao mucho tiempo, porque de la familia nunca recibí poyo. El tío cura sólo me daba la bendición cada vez que me encontraba.
Yo vivía tan desesperao con mi padrastro que un día me fui a buscar al tío Cura que hacía tiempos no venía. Me dijo que lo iban a nombrar cura de Toledo y que si quería me fuera con él. Salimos de Santa Rosa para Toledo, él iba a caballo y yo a pie, decía que era para enseñarme a ser macho desde chiquito. Eso es muy lejos, son como 16 leguas. Creí que no llegaría pues a cada rato sentía desmayarme en el camino, mientras el tío en el caballo no se inmutaba y me apuraba cuando yo disminuía el paso. Por fin llegamos a Toledo. Nunca lo olvidaré.
Me consiguió unos marranos pa’ que yo se los engordara. Yo junté unos pesitos y los domingos salía al mercado con una cajita con unos cacharros pa’ vender. Mi tío se admiraba de lo bueno que era yo pa’ los negocios y cuando se enteró de que ya había levantao 500 pesos con el cajón de cacharros me propuso poner una tienda suya para que se la administrara, y me prometió darme plata para comprar café. Yo estaba muy contento y me hacía ilusiones enormes con lo que me daría de los marranos y lo que ganaría administrándole la tienda y la compra del café. Pero una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando. Vendió los marranos y no me dio nada. Puso la tienda bien surtida pero se la entregó a la maestra
de la escuela que era joven y vivaracha.
Ahí empezaron a dañarse las cosas. Yo le hacía, de pique, pilatunas tontas como las de tomarme el vino de consagrar y cambiárselo por café negro. Él comenzó también a tomarme bronca. Un día estaba comiéndome una mazamorra y unos frisoles en la mesa cuando llegó él de una confesión echándome vainas, diciendo que él matándose para criar tanto vergajo, tanto sobrino. Cogí el plato, se lo tiré diciéndole que no me humillara y me largué. Me vine para Medellín y me puse a vender.

7- VENDEDOR DE PERIODICOS

No la iba bien con mi padrastro porque todo lo que yo ganaba me lo quitaba el viejo, total que un día, pelié con él y me vine para Medellín. Un Viernes Santo me emborraché con aguardiente y sal. Cuando llegué a la casa me encendió a garrote el padrastro, gritándome: Sinvergüenza, emborracharse en un día tan santo. Eso no se hace. Tenga por ateo. No sé si fue que perdí el conocimiento o me dormí. Lo cierto es que cuando me desperté estaba todo adolorido. Decidí largarme de la casa. Le saqué de la cartera 20 centavos a mi mamá y me vine en el tren pa’ Medellín, que costaba 10 centavos
Los primeros días fueron muy duros. Gamineaba en las calles y vivía de lo que podía, limosnita que me daban, comida que me robaba, pequeños mandados que me pagaban. Dormía en los portales y me tapaba con periódicos viejos. A ratos dormía en el Café Vesubio donde trabajaba un muchacho amigo mío. Este amigo, viéndome tan vaciáo, me prestó un peso con cincuenta y me aconsejo que me pusiera a vender periódicos. En ese tiempo se compraba la prensa a 3 centavos y se vendía a 5. Era un buen negocio. Sólo había El Colombiano, El Heraldo de Antioquia de Tobón Quintero, La Defensa y El Correo de Colombia, que era un periódico liberal. Me iba bien con los periódicos. Ya no tenía que gaminiar, ni dormir en las aceras. Siempre he sido muy religioso. Hacía los primeros viernes y me confesaba cada mes. Un día entré a la Veracruz a confesarme con un curita que me preguntó qué hacía yo. Le dije que vendía periódico, me preguntó de qué clase y le dije que todos. Me regañó: No venda El Correo y toda esa otra prensa liberal
porque se condena y queda excomulgado. En fin, el curita me puso a aguantar hambre porque yo, por hacerle caso, no volví a venderlos. Un mes más tarde me fui a confesar nuevamente, pero cambié de Iglesia, y me fui para la de Villanueva. Le conté al curita que yo no había vuelto a vender la prensa liberal porque el curita de la Veracruz me lo había prohibido. Este me dijo: No hombre, vender prensa no es pecao ¡No sea bobo! Usted puede seguir vendiéndola. Y así fue.
Vivíamos en Girardota y vine hasta Copacabana a vender maíz. Estaba muchachito, tenia quizás 15 años. Un extranjero, italiano, se quedó viéndome y me preguntó a dónde vivía, y si quería irme a trabajar con él. Contesté: Señor, tiene que pedirle permiso a mi mamá. Le dije dónde vivía ella y cuando regresé a Girardota encontré que el italiano ya había llegado y se había ido a pie por la loma hasta la casa. Y le echó el cuento a mi mamá y al padrastro diciéndole que me traía a trabajar en Medellín en un almacén que tenía. Ellos me dijeron: Bueno, váyase mijo. Y me fui con el italiano. Me trajo a Medellín, descalzo, con un pantaloncito pica pollos a media pantorrilla, yo estaba muy pelaito y era muy bobo.
Me monté en ese tren por primera vez, lo más contento sintiéndome dentro de ese aparato. Al principio, me parecía que el tren no andaba, que lo que se movía eran los árboles, la carrilera, las casas, y yo todo asustado, no preguntaba nada pero pensaba cómo harían para moverse tan rápido las cosas y los árboles. Sentía alegría y miedo al mismo tiempo y, mientras tanto, venía comiendo hojaldres y golosinas porque el italiano no sabía qué hacer conmigo para complacerme.
Cuando llegamos a Guayaquil en Medellín ¡qué cantidad de coches de caballos! Yo me asusté, estaba todo aterrado viendo una ciudad tan grande y con tanta gente.
En las vitrinas de los almacenes veía figurines y creía que eran personas de verdad sin entender cómo demoraban tanto sin moverse. Me quedaba con la boca abierta viendo a los muchachos montar en bicicleta y observando tantos coches de caballos, edificios, vitrinas, luces y tranvías, que no me explicaba cómo podían moverse sin tener caballos que los arrastraran.
Yo que venía del campo y era un montañero descalzo, me asombraba de ver tanto cachaco de sombrero y bastón, elegantísimos, llamados filipichines y tantas mujeres tan bien arregladas. Los avisos luminosos me impresionaron mucho, sobre todo los de los cigarrillos Dandy, Victoria y Pielroja. En la plaza Guayaquil vi un culebrero, vestido con pieles raras, que tenía enrollada una culebra y hablaba en voz alta, mientras toda la gente lo miraba asombrada haciéndole un corrillo que lo tapaba. Me gustó tanto que juré que algún día sería culebrero. Yo caminaba atrasito del italiano, cerquita de él para no perderme. Y era echando ojo pa’ todos lados, asustao, cabriao. Viendo yo ese gentío y toda la gente bien vestida me sentía como acomplejado por las mechitas (ropas) con que yo venía del campo. Pero, de todas maneras, pensaba en lo bueno que era conocer todo eso y me sentía muy contento al lado del italiano.
El italiano me llevó cerca de la plazuela de San Ignacio a un hotel. Ahí mismo fuimos a una barbería y me hizo arreglar, peluquiar y dar en la cara un masaje y me echaron loción. En seguida, me llevó a un almacén y me compró un vestido y ropa interior y me hizo un baño. Yo salí lo más titinito que usted pueda imaginarse.
Tenía ganas de hacer del cuerpo, mejor dicho, cagar, pero no me atrevía cuando entraba a esos baños tan limpios y tan bonitos. Varias veces entré y volví a salir sin hacer nada, hasta cuando las ganas fueron tan grandes que no resistí.
Después me llevó p’al circo España. Era una casa grande que servía para corridas de toros, teatro y cine. En la mitad del redondel de la arena habían colocado un trapito blanco colado con cuerdas. Dieron una película que se llamaba Benhur y otra de vaqueros. Apagaron la luz y empecé a ver que del trapito blanco salían trenes echando humo, vaqueros e indios peleando. Yo estaba aterrado y me preguntaba ¿señor, qué cosa rara es eso.
Cómo hace ese ferrocarril para pasar por ahí? Yo seguía pensando y pensando cómo pasaba ese ferrocarril echando humo, y esas quebradas botando agua, y esos hombres peleando, y todo eso dentro del trapito blanco. Yo pensaba: es magia. Pero la magia me la fue a dar el italiano por la noche en la pieza del hotel. Después de la función nos fuimos p’al hotel, ahí me pasó un cepillo para que le limpiara unos paños que tenía.
Me preguntó: ¿Vamos mañana para Rionegro en el tranvía? Era que subía por Guarne y se llamaba Tranvía de Oriente. Me puse muy contento.
Entonces nos sirvieron la comida y yo no sabía comer con cubiertos porque estaba enseñado a comer con la cuchara de palo. Pero, yo voltiaba a ver cómo comía el italiano y entonces cogía el cuchillo y cortaba como él. Me dijo: el cuchillo es con la derecha. Porque como yo zurdo yo no lo cogía con la derecha. Después de la comida fuimos a dormir. Me acosté en la misma cama con él pues sólo había una y me quedé dormido. A media noche desperté porque sentí que él... trataba de comerme. Yo era tan sano que no entendía y me quedé pensativo. Y volvía el hombre a intentar darme por detrás; amenazándome, me decía ¡Quitecito ahí!
Yo, todo aterrado, pensaba qué hacer. Le dije: Yo sí me dejo pero permítame ir al baño que me dieron ganas de hacer del cuerpo. El me dejó salir, porque el sanitario estaba fuera de la habitación, y me escapé para la calle, aburrido, desesperado, sin conocer nada y muerto de frío. Pasé la noche encurruñao en un zaguán, esperando que amanecería pa’ arrancar pa’ mi casa como fuera. Amaneció.
No tenía 5 centavos. Salí y fui cogiendo toda esa carretera abajo, preguntando: ¿Por aquí voy a Bello? Y me decían que sí y seguí caminando pa la casa. Cada ratico voltiaba a mirar pa’ atrás y si veía que venía un carro o un cliente cachaco, me parecía que era él y corría asustado.
Llegué a Bello. Pensé: El Padre es el único que puede ayudarme, me fui pa’ donde el curita, le conté mi historia, que venía de Medellín a pata y estaba varao. El cura me dio diez centavos.
Me fui pa’ un hotel y le pedía a la señora una tacita de chocolate de 5 centavos. Un señor que estaba comiendo le dijo: vea, no me le dé al niño un chocolate, démele una comida que yo la pago. Me sirvieron un plato de frisoles y mazamorra y me quedé con los diez centavos. Ese mismo señor pagó la pieza para que yo durmiera (10 centavos). Al otro día tempranito, compré el tiquete para Girardota con los 10 centavos que tenía. Yo iba con la mecha nueva (ropa) porque los pantalones picapollos los había dejado botados en el almacén cuando el italiano me compró los nuevos. Iba descalzo pero con un vestido nuevo, muy bonito. Me subí al tren que estaba para arrancar y en ese momento, se le cayó el sombrero a un pasajero. Me pidió que se lo recogiera y me bajé. Vea hombre, lo que es la humanidad de corrompida, de mala: Cuando me bajé a recogerle el sombrero, otro lo había cogido y se lo llevó corriendo, yo corrí detrás, sin alcanzarlo. Cuando me devolví ya el tren había arrancado y me quedé en la mitad de la carrilera con la cara fría, pensando: Virgen Santísima, ¿qué voy a hacer ahora? Me fui a pie muy triste hasta Machado donde vi una señora que vendía fritos en un puestico. Me quedé mirándola, muerte do hambre, y le pregunté a qué horas pasaba el tren. Me contestó y le conté lo que me sucedió. Me dijo: No se preocupe que con ese tiquete puede subirse en el próximo tren. Viéndome la cara de hambre me dio desayuno de chocolate con arepa y quesito. Agradeciéndole, le dije que le ayudaba a abarrer, cogí la escoba y me puse a barrerle. La gente era mucho mejor antes que ahora. Llegó el otro tren y me subí. Más adelante pasó un señor pidiendo los tiquetes. Le mostré el mío y dijo: Este tiquete ya está perforado. No sirve. Le expliqué lo que había pasado pero no hizo caso. Pararon la máquina y me bajaron. Quedé yo más aburrido, en la mitad de la carrilera, en puro campo, lejos de todo. Cómo sería mi rabia que cuando oía venir un tren le ponía piedras sobre los rieles, de la furia, pa’ que se descarrilara y me escondía. Pasaba la máquina y lanzaba lejos las piedras sin que le pasara nada. Y yo furioso. Seguía caminando oía otra máquina, volvía a ponerle las piedras en los rieles. Y nada. En fin, por la noche llegué a la casa, a pura pata. Ahí mismo me abrieron la puerta saludándome. ¿Mijito, qué tal? ¿Cómo le fue por Medellín y por qué se vino? Yo me aburrí, mamá, ese italiano sí fue muy formal conmigo, al principio, y me dio ropa pero, por
la noche cuando me fui a acostar con él me hacía como a una mujer. El creía que yo era una mujer. Mi mamá se quedó callada.
Después me puse a contarle todas las cosas extrañas que había visto y le dije: Cómo le parece mamá que me llevo a un teatro, que era una casa muy grande, donde había un trapito blanco de donde salían trenes echando humo, vaqueros e indios montados a caballo y peleando. Ella, asombrada, preguntaba: ¿Mijito y usted no se agachó para ver qué había por detrás? Yo si bregué, mamá, pero no pude ver nada. Ella me dijo: Eso es seña de que el mundo se va a acabar, mijito, porque están habiendo tantas cosas raras que, según dicen, es que va a nacer el Anticristo. Si mijito. Porque de un trapito blanco no pueden salir trenes echando humo, ni vaqueros e indios peleando a caballo. Eso es que viene el Anticristo.

8 - VENDEDOR AMBULANTE EN MEDELLIN

Vendí de todo. Repartía frescos por la calle en un carrito que me alquilaban a diez centavos diarios. Vendía raspaos de hielo.
Después vendí lotería de Medellín a 30 centavos el pedacito, cinco pedazos que ganaban cinco mil. Un señor Roberto González me daba los billetes, porque no tenía con qué comprarlos, y la tercera parte de la ganancia era para él. Tenía que devolverle los billetes no vendidos una hora antes del sorteo. Un día le devolví un billete que resultó ser el gordo premiado. Don Roberto se puso muy contento y ofreció darme para unos tragos al día siguiente. Fui muy contento y el sacó el monedero y me dio 50 centavos. Quedé muy picao pues esperaba que me diera 100 o 200 pesos. Entonces le pedí bastante lotería al fiado, 200 pesos en billetes de todas las rifas.
Los vendía y con la plata me fui pa’ los lados de Guayaquil, jugué a la lotería con unas viejas, me emborraché y gasté el dinero con las putas. Me había llevado un muchacho para que me sirviera de testigo. Alquilamos una pieza pa’ dormir en Guayaquil; por la noche me levanté y boté mi carrielito. A la mañana grité: me robaron. Llegó la policía, agarró a unos sospechosos y me fui a poner el denuncio. En ese tiempo doscientos pesos era mucha plata. Llamaron a don Roberto y me preguntaron cómo iba a arreglar con él. Contesté: Yo soy muy pobre pero muy honrao y le quiero pagar, yo le voy pagando de contaitos. Aceptaron y como a los quince días un contao de un peso y él me dio un recibo. Entonces ya el asunto quedó como una deuda consentida. Otras veces de tarde en tarde fui a llevarle uno o dos pesos, hasta que el asunto se fue olvidando.
Después me conseguí un cajoncito y los surtí de cigarrillos, fósforos y confites. Tenía por ahí unos 15 años. Mi capital eran 5 pesos con los que compraba tres cajetillas de cigarrillos Dandy que valían 25 centavos, 3 cajetillas de cigarrillos de tabacos y una caja de chicles que valían 80 centavos, unas Colombinas averiaditas que me las daban baratas y recortes de galletas Noel. Vendía mis cigarrillos por los lados del teatro Granada y por las noches vendía en el Parque de Berrío hasta cuando guardaban el último tranvía. La dormida me la daba un viejito que vivía en la Calle del Codo, arriba de la Gobernación, ahí tenía un cuchito donde vendía café con leche, chocolate y empanadas. Yo amanecía ahí con el viejito. Así me la
pasaba todos los días, caminando con mi cajoncito terciado de una correa y gritando: Cigarrillos, fósforos, cigarrillos.
Esa fue la época en que me gané las seis loterías, es el recuerdo más feliz de mi juventud. Seis rifas y cada una valía 5 pesos.
Resulta que vendían unos fósforos de palo en la cacharrería Mundial y por cada cuarto de resma de fósforos que uno compraba daban una boleta para rifar 5 pesos. Cada vez que vendía mis cigarrillos y mis fósforos iba a reponer mi surtido y me daban la boleta de la rifa. Yo he sido muy comeladrillo, muy religiosos, y un día que salía de la Veracruz de rezarle a la Virgen del Perpetuo Socorro, me dijo un amigo: ¿Qué la boleta de la Cacharrería? Me acuerdo mucho que le dije: 1111. Me contó que me había ganado la rifa. Creí que eran mentiras, que estaba charlando. Me ofreció 4 pesos por la boleta. No acepté y me fui para la Cacharrería y veo en la vitrina: Número 1111. Qué alegría tan mierda, hombre ¡CINCO PESOS! Compré un cirio de cuarenta centavos para sobornar a la Virgen, pa’ lamberle, me
arrodillé y le dije: Virgen Santísima, Virgen Bendita que me socorristes!
Con el resto del dinero puse ese cajón lo más bonito. Compré otro cuarto de fósforos y me dieron otra boleta. A los 18 días me gané otros cinco
pesos. ¡Ay qué alegría! Esa fue la alegría más enorme de mi vida y otra
vez cirio de 40 a la virgen. Y ese cajoncito mío lo surtí tan bien que
parecía un rosario, muy bonito: cigarrillos bien ordenaditos y hasta
americanos Chester y Filis Morris que en ese tiempo valían 25 centavos. En
fin, así seguí ganando hasta que completé cinco seguiditas de a 5 pesos
que eran 25 pesos, y no seguí ganando más porque no me volvieron a vender
boletas. Increíble mi suerte. Me dijeron: La mentamos mucho pero no le
podemos dar boleta, sí vendemos los fósforos pero sin boleta, entonces, yo
mandaba a otro muchacho para que le dieran a él la boleta.
Me gustaba demasiado el trago y las putas y como ya tenía mis pesitos me
iba por las noches pa’ Guayaquil donde creían que yo era riquito porque
todas las noches iba y me emborrachaba en los cafeses donde ponía discos
(Pajarito Cantor, Luna de Arrabal). Cuando las coperas me veían llegar se
ponían contentas porque como me creían rico, les gustaba y yo, pa’ sostener
la caña, era generoso con ellas y todos los centavos que ganaba en el día
se quedaban por la noche en los cafés de Guayaquil. Claro está que ya me
había comprado mi primer par de zapatos porque antes yo andaba descalzo, a
pie limpio y de pantaloncito corto. En realidad los primeros zapatos me
los había dado mi tío, el cura, pero me maltrataban mucho porque tenía los
dedos llenos de niguas. Entonces, compré de contados unos zapatos en el
almacén Argelino de Guayaquil. Costaban 1.50 y yo pisé el negocio con 10
centavos y continué dando de a 5. Yo estaba muy contento porque ya tenía
un par de zapatos y cuando ya completé un peso llevaba a mis amigos y con
orgullo les mostraba los zapatos que estaban exhibidos en la vitrina y les
decía: Vea hombre los zapatos que estoy pisando. El día que acabé de
pagarlos y me los puse me fui orgulloso pa’ Guayaquil y me emborraché.
Por ahí por Guayaquil me levanté una vieja que tenía como ochenta años.
Ella doblaba tabaco y yo vendía periódicos. Me daba la dormida y cuando yo
llegaba por la noche ella no sabía dónde ponerme de la felicidad. Me
preparaba comida y descolgaba dos sillas mecedoras que mantenía con unas
cuerdas en el techo de la pieza pa’ sentarnos y mecernos. La viejita sacaba
un cofre que tenía con alhajas y comenzaba a ponérmelas todas a mí
diciendo: A ver cómo quedas. En ese entonces yo era medio bobo y sólo me
limitaba a verlas y a pensar y decir que eran muy bonitas. Un día le conté
a un tío quien me aconsejó que no fuera bobo y le echara mano a uno de los
anillos que en ese entonces valían no menos de 15 o 20 pesos. Así fue, me
le llevé dos. Ella debió darse cuenta pero, por temor de perderme, nada
dijo.
Un día me propuso que nos casáramos y yo acepté. Entonces me llevó donde
el sastre para que me hiciera dos vestidos de paño, de esos con pantalones
embombados hasta más abajito de la rodilla y se colocaban con media negras
largas. Me sentía tan elegante con mis vestidos nuevos. Nos fuimos a la
Iglesia de la Veracruz, donde un padre Henao, y la viejita conversó
primero con él y al terminar preguntó el cura: ¿Y dónde está el novio? Me
adelanté y respondí: el novio está aquí. El cura me miró de arriba abajo y
volviéndose a la viejita la regañó: Vieja sinvergüenza, andá

RENZO RAMIREZ, EL LIBANO


OBRA DE RENZO RAMÍREZ BACCA SOBRE EL LIBANOProyecto
1. Introducción
En las regiones cafeteras colombianas, los recolectores del grano consumido por millones de personas en Suecia, Japón, Estados Unidos y otros países industrializados pertenecen a dos categorías: los trabajadores temporales que reciben un jornal y se desplazan por el país recogiendo cosechas de café, maíz, papa y otros productos del agro andino; y los trabajadores permanentes, propietarios de parcelas o que viven en alguna hacienda en calidad de aparceros o agregados. Estos dos grupos conforman el mercado laboral rural más activo a nivel nacional.
Los trabajadores cafeteros integran el grupo mayoritario del sector agrario y está constituido por más de 300.000 familias, compuestas en su mayor parte por mujeres y niños. Al interior de estos hogares campesinos se encierra una división interna del trabajo según las relaciones de genero y su funcionalidad laboral en pequeñas extensiones, haciendas tradicionales y fincas capitalistas. En tal sentido, la evolución general de las regiones cafeteras, está sujeta a una transformación permanente según los cambios socioeconómicos, tipo de cultivo, tenencia de la tierra, y un sinnúmero de fuerzas y contradicciones políticas, que hasta el momento no ha sido posible teorizar adecuadamente.
Este estudio pretende investigar estos cambios, así como el modo de participación laboral de hombres y mujeres al interior de los hogares campesinos y haciendas especializadas en la explotación de café. Ante el vacío de las grandes teorías, se piensa enfocar el estudio a partir del concepto de disposición. Éste es usado como herramienta analítica para explicar el proceso de transformación socio-laboral y las relaciones de genero en las fincas cafeteras; así como para analizar el efecto y la interacción de ciertas circunstancias y procesos en la división interna del trabajo de los núcleos familiares y en las plantaciones de café.
2.1 Objetivos

El estudio sobre la funcionalidad de hombres y mujeres en las regiones cafeteras se centrará en relaciones sociales concretas. En este caso, las relaciones laborales al interior de la hacienda cafetera tradicional y en el seno del hogar campesino. El objetivo es estudiar las formas y transformación de sistemas de organización socio-laboral, así como los cambios en ciertas estructuras de producción agrícola-comercial. Por esto se analizaran los mecanismos internos, la funcionalidad económica, y el carácter de las relaciones sociales al interior de la hacienda cafetera. El estudio explicara cómo ciertas formas de organización laboral se adaptan o modifican por el efecto de diferentes procesos sociales, económicos, políticos y tecnológicos.
El análisis tendrá en cuenta las relaciones entre los géneros en los núcleos constituidos por la familia tradicional campesina, fuente potencial de mano de obra de las fincas cafeteras. Ésta significa una micro-estructura de disposición socio-laboral atada a modos de tenencia de la tierra. Y en la que la división de trabajo, esta determinada según el sexo, la disposición y una estructura jerárquica tradicional. La división laboral familiar por sexo constituye también una variable dinámica alterada por los cambios en la disposición laboral, el proceso de producción, y el efecto de circunstancias externas. Así, el estudio de los núcleos familiares, su composición y división laboral, representa otra forma concreta para analizar las relaciones de genero.
Para este fin se ha escogido el caso de la hacienda La Aurora en el corregimiento de Santa Teresa, región cafetera del Líbano (Colombia). Éste es el ejemplo, de hacienda tradicional, una empresa capitalista y de una explotación de café con base a extensiones pequeñas. La ambición es explicar los mecanismos de estos modos de producción de la tierra a través del desarrollo de la caficultura colombiana, principal eje económico nacional en los últimos cien años.

2.2 La problemática

Las preguntas fundamentales para lograr los anteriores propósitos son las siguientes:

Los sistemas laborales
Cuales han sido las laborales, teniendo en cuenta el efecto y la articulación de los socioeconómicos y políticos externos. Por ejemplo, la colonización de baldíos, la conformación de la propiedad y la fundación de empresas cafeteras; las olas de violencias (con énfasis en el periodo 1949-1965), el movimiento campesino (décadas 30 y 60); procesos de reforma agraria (década 60); y la tecnificación de la caficultura (décadas 60 y 70). Otros aspectos como el efecto de las técnicas de cultivos en la funcionalidad laboral y la disciplina laboral de los caficultores serán tenidos en cuenta.
Las relaciones de genero
Describir y caracterizar la fuerza laboral femenina y masculina según los sistemas de trabajo adoptados, y según la funcionalidad de los núcleos familiares en las plantaciones. En este sentido se tomara en cuenta la división laboral y disposición interna de los núcleos familiares; el uso de la tierra y los cultivos; y la integración de éstos al mercado laboral.

Los núcleos familiares
Analizar y diferenciar el potencial laboral, jerarquía y estructura interna de los núcleos familiares de agregados y pequeños propietarios.

Observar los cambios y diferenciación de las actitudes y los roles del hogar campesino. Se tendrán en cuenta el caso de las familias de agregados-tabloneros, pequeños propietarios y las familiares trabajadoras del periodo actual.

Puesto que las coyunturas han generado migraciones internas del campo a la ciudad, es importante estudiar los cambios y diferencias en las familias entre las que continúan trabajando en las regiones cafeteras y las que han emigrado a los centro urbanos.

Conflictos socio-laborales
Estos cambios de actitudes según el genero y la disposición socio-laboral de las fincas cafeteras, han podido crear conflictos, movimientos sociales y cambios en los roles y valores de los trabajadores. En tal sentido, se investigaran las motivaciones de este potencial de conflicto y movimiento social. La idea es investigar también la llamada "resistencia laboral", es decir posibles brotes de reacción (inconformismo, quejas, protestas, sublevaciones, etc.), así como códigos, símbolos y modos de protesta de los cafetalistas en las regiones cafeteras.

3. Marco teórico y conceptual

El estudio sobre la hacienda, como estructura socio-económica, y el núcleo familiar, como principal núcleo de fuerza de trabajo, requiere de un análisis del conjunto de las relaciones y procesos sociales que abarquen su formación y sentido. De igual manera, la interacción socio-laboral y económica de éstos, implica estudiar los efectos de procesos sociales, económicos e ideológicos. Pero los estudios sobre estructuras agrarias y sistemas de labor han estado atados a la idea de un sistema especifico de relación socio-económica que no explica la permanente transformación en los cambios de disposición en torno a la tierra y la fuerza de trabajo; y la diferenciación interregional del desarrollo histórico.

En tal sentido, la propuesta analítica consiste en estudiar la disposición interna y las relaciones de genero en dichas estructuras, lo que implica no solo el estudio de la división del trabajo según el sexo sino un análisis mucho más profundo de las relaciones sociales. En este sentido, los núcleos de producción agrícola-comercial y los núcleos socio-laborales, serán vistos como estructuras de disposición sujetas a cambios permanentes por el efecto de circunstancias y proceso externos. Este análisis solo es posible con la reducción de la escala de observación empírica, y con el uso de un aparato conceptual, orientado a un enfoque más realista sobre el comportamiento del hombre y su interacción socio-económica con el medio.

3.1 Concepto de disposición y relaciones de genero

El marco conceptual del presente estudio se relaciona con el uso de conceptos, tales como los de disposición y genero, colocados en diferentes niveles de abstracción.

El concepto de disposición es inspirado de la observación analítica sobre transformaciones laborales hecha por Roland Anrup. La propuesta consiste en analizar la interconexión, la forma de interacción y la manera propia de intervención de las distintas condiciones en determinadas estructuras (Anrup, 1986:75). Con el uso de este concepto se pretende dar cuenta de la existencia y funcionamiento de reglas, principios y códigos en el juego de las relaciones sociales, sin apoyarse en las tradicionales premisas acerca de una totalidad social (Anrup, 1995). Replanteando conceptos como los de propiedad, posesión y relaciones de producción, Anrup recomienda plantear la cuestión del dominio y supervisión como una serie de actividades que componen el proceso de producción, evitando enfoques dicotómicos sobre su evolución (Mörner y Anrup, 1984:33-47; Anrup, 1985, 1990). En tal sentido y para el caso del presente estudio la hacienda tradicional se analizara como una estructura de disposición y una estructura jerárquica de dirección, coordinación y supervisión.
El concepto de genero es otra herramienta analítica útil en la explicación de las transformaciones socioeconómicas. Éste aplicado en función de una construcción social, puede implicar el estudio de las relaciones internas de los núcleos familiares. De hecho y según Hagemenn la estructura familiar constituye una unidad más real que la del concepto de individuo (Hagemenn, 1993:44). Así la familia puede ser vista como un núcleo de producción social primario y genérico de división laboral según el genero. División que puede estar sometida por sistemas sociales de fuerte influencia patriarcal o por un proceso de individualización del trabajo en estos núcleos sociales primarios.

Al estudiar la división laboral según el genero, se observa una especialización del trabajo según la ocupación y la disposición natural interna, particular a las estructuras familiares. Disposición relacionada con el sexo, y que siguiendo a Hagemenn, también influye en la construcción de estructuras mentales y materiales (Hagemenn, 1993:45). Así la explicación de la distribución del trabajo por genero, implica una relación no solo a la parte económica, sino a la clase, raza, nación y por ende a la disciplina y cultura laboral propia de cada región. El uso de este concepto se relaciona entonces, con un enfoque de diferenciación social, económica y cultural entre los hombres y las mujeres en las zonas cafeteras.

4. Método y fuentes
4.1 Método y técnicas

La idea de apoyar el estudio en un caso concreto se relaciona con las posibilidades y las promesas que ofrece el método microhistórico (ver Levi, 1991). Con éste se reduce la escala de observación y se desarrollara un estudio intensivo del material documental, sin olvidar el efecto de los procesos generados en otras dimensiones geográficas. Con ello se pretende no solo rendir cuenta del estado actual y características de las relaciones socio-laborales, sino diferenciar sus transformaciones a nivel local y regional a través del tiempo. Con relación a los métodos de investigación local y lo concerniente a la búsqueda de material primario para este tipo de estudio, he seguido las observaciones resumidas por Magnus Mörner (Mörner, 1997).
El material primario escrito debe ser complementado con fuentes orales. El objetivo es recoger testimonios y elaborar una encuesta escrita a través de la técnica de entrevistas en un trabajo de campo con los testigos y actores del proceso. Este incluye una orientación previa con el asentamiento urbano y rural, a través de las principales autoridades (eclesiásticas y civiles) del corregimiento. Un estudio de los predios en Santa Teresa, tomando en cuenta entidades estatales y privadas (Administración municipal, Caja Agraria y organizaciones campesinas). Y para efecto de las entrevistas, se piensa contar con la colaboración de personas de la comunidad, especialmente con grupos de estudiantes (hijos de familias campesinas) y miembros de una comunidad religiosa que trabaja en la región. Esto requiere de un trabajo pedagógico (informar sobre los propósitos del estudio y técnicas de entrevistas) con los posibles colaboradores. Las fuentes orales y el trabajo de campo, constituyen entonces, una fuente principal de información. Las técnicas investigativas y metodológicas propias de la historia oral son tomadas de Thompson (1980).
4.2 Fuentes

Las fuentes escritas primarias y secundarias, permiten abordar los procesos y las coyunturas que influyeron en las relaciones laborales y de genero. Las fuentes orales, testimonios y encuestas escritas, permitirán el estudio de las relaciones de genero en los hogares campesinos y las relaciones laborales en plantaciones de café.

Durante seis años se ha recogido cierto material empírico y teórico en archivos, centros de investigación, bibliotecas y universidades de Colombia y Suecia. Con este propósito se han hecho tres viajes a Colombia y se han consultado las bibliotecas del Instituto de América Latina de la Universidad de Estocolmo, el Instituto Iberoamericano de la Universidad de Gotemburgo y algunas colecciones privadas de americanistas suecos.

Fuentes históricas primarias
Este material comprende tres partes. La primera es la documentación relacionada con La Aurora, y con la cual se estudiaran los mecanismos de funcionamiento interno y las relaciones laborales de una hacienda tradicional cafetera. La segunda es la base principal de documentación y esta compuesta de entrevistas transcritas realizadas con trabajadores, propietarios y caficultores. Con este material se estudiará, el carácter y las transformaciones en las relaciones laborales y de genero tomado el caso de antiguas familias de trabajadores de la empresa y caficultores actuales de la vereda. Y la tercera, tiene relación con un material primario sobre procesos y coyunturas que afectaron la hacienda y la región del Líbano. La información empírica puede sistematizarse de la siguiente manera:

Sobre la empresa agrícola La Aurora
Este material comprende escrituras publicas, correspondencia, artículos de prensa y balances sobre el estado de la empresa. Este material ha sido escrito en parte por hacendados y administradores de La Aurora, y otro fue posible encontrar en la Notaria Publica del Líbano. De igual manera, se puede adjuntar a este corpus, algunas resoluciones sobre pleitos laborales y por mejoras, entre agregados y hacendados, hallados en la Secretaria del Trabajo del Municipio del Líbano. Gran parte de este material son entrevistas transcritas con antiguos trabajadores y propietarios. Éste también incluye entrevistas a caficultores, comerciantes de café y profesionales libaneses. Hasta el momento es posible contar con 81 testimonios transcritos. El propósito es continuar con la recolección de este material (ver plan de trabajo).

Sobre los procesos y coyuntura externas
1. Un material sobre el proceso de expansión de la caficultura, la fundación y funcionamiento de empresas agrícola-comerciales (1873 y 1904). Este fue escrito por pioneros de la industria del café y se encuentra en los archivos de las familias Ospina y Vásquez de la Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales (FAES) en Medellín (Antioquia). El material comprende cartas y correspondencia familiar, y ofrece datos sobre las dificultades iniciales de la industria cafetera, así como sobre el funcionamiento interno de algunas haciendas cafeteras de Antioquia y el Tolima. En la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá existe también una colección de la revista El Agricultor (1873-1891), y que trata temas relacionados a el estado de la agricultura, balances anuales del mercado y las cosechas de café, entre otros.

2. Con relación al proceso de colonización, conformación de propiedades en terrenos baldíos, efectos de sucesivas políticas de baldíos, y pleitos por tierras, he encontrado algunos documentos en el Archivo Histórico Nacional y el Archivo de la Academia Colombia de Historia en Bogotá. Existe un material sobre compraventas de propiedades y formación de empresas en la Notaria Primera del Líbano. Éste ofrece una idea sobre el mercado de tierras y la importancia de la fundación de La Aurora en la región. El archivo del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (INCORA) ofrece de igual manera, documentación sobre proyectos y reformas agrarias en la región.

3. Los archivos parroquiales del Líbano y Santa Teresa han sido consultados. El material ofrece datos sobre las causas de la mortalidad en la población y el proceso de desarrollo demográfico en la región.

Otras fuentes
Hay otro tipo de fuentes, como los escritos literarios, alusivos a las plantaciones de café en Santa Teresa, así como sobre el tema de la Violencia en el norte del Tolima. Los géneros literarios son crónicas, cuentos, poemas y novelas; y fueron escritos por personas que vivieron el proceso de consolidación la caficultura en la región y épocas de violencia. Esta literatura es posible encontrar en la Biblioteca Nacional, la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá y algunas secciónales de la Biblioteca del Banco de la República en Manizales e Ibagué. De igual manera, se ha recogido un material audiovisual, consistente en fotografías y videos. Este nos ofrece una idea del modo de vida en la hacienda. Imágenes religiosas, casas en madera y restos de un trapiche ayudan a comprender la magnitud de una época o de un proceso en la hacienda. Los videos documentales, nos ayudan a comprender la situación social de los caficultores.

5. Estudio Previos

En las últimas décadas ha existido una inclinación de la historiografía colombiana por el estudio de la economía cafetera. En este sentido ya existe una serie de trabajos clásicos que estudian los efectos económicos del café en el país (Brew, 1977; Machado, 1977; Arango,1977; Arango,1982; Palacios, 1983; Parsons, 1961). Algunos de estos investigadores han hecho énfasis en la organización interna de la hacienda, desarrollando estudios sobre los sistemas de utilización del trabajo, y tomando ejemplos de la región de Cundinamarca y Antioquia (Palacios, 1983; Arango, 1977). Las formas de explotación, ampliamente descritas por Arango y Machado, son tan diversas que ha sido impracticable intentar sistematizarlas, lográndose tan solo postular algunas características muy generales (Arango, 1977; Machado, 1977).

Partiendo de las anteriores referencias bibliográficas se inició la selección de información empírica que tuviera relación con el Líbano. En tal sentido, se ha logrado matizar el grado de diferenciación regional con relación a los procesos centrales y globales. Sobre la región se han hecho algunos estudios que ayudan a comprender algunos de los fenómenos y procesos. Por ejemplo María Errázuriz intenta un análisis global sobre las transformaciones sufridas por este municipio cafetero bajo el impacto de la acelerada modernización del cultivo en los últimos quince años (Errázuriz, 1986). En este mismo marco hay algunos estudios hechos por el Ministerio de Hacienda y Crédito Publico (MHCP) y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) (MHCP y IGAC, 1989). Hasta el momento no existen monografías que abarquen un estudio sobre la etapa previa a la tecnificación de los cultivos tradicionales, y donde se tenga en cuenta el efecto de otros procesos y coyunturas. Este es uno de los motivos por el cual el presente estudio se preocupara por abarcar el marco cronológico previo, a la tecnificación de la caficultura en el Líbano.

Una investigación sobre los cambios en las relaciones socio-laborales y de producción en plantaciones de café es presentado por Verena Stolcke (1988). Aunque su estudio se refiere a Sao Paulo (Brasil), este es un ejemplo de cómo a través de un enfoque socio-antropológico se cuestionan las relaciones laborales y división del trabajo según el genero en las plantaciones de café. Y en cierta medida de como aplicar una conceptualización a un material empírico, basado en fuentes orales y escritas. Es un estudio meritorio para la comprensión del proceso histórico de la industria cafetera y transformaciones laborales, y que puede ser comparado con el caso del Líbano.

Otra investigación interesante, es la presentada por Magdalena León de Leal, sobre la mujer y el capitalismo agrario en Colombia. El estudio escoge cuatro regiones distintas. Una de ellas presenta algunas características similares a las encontradas en el Líbano. El estudio determina la división social del trabajo según el sexo, intentando una visión global de la condición de la mujer en explotaciones agrícolas con relaciones capitalistas (León, 1980). Esta también ha servido como fuente de inspiración, para algunas practicas de campo en la región. También hay estudios sobre las condiciones actuales y procesos laborales de las mujeres en Latinoamérica, que ayudan a comprender la funcionalidad de la mujer según el mercado laboral y la diferenciación regional (Lara, 1995).

Anrup ha analizado las transformaciones laborales en el ejemplo de La Aurora (Anrup, 1982, 1985, 1986, 1990). En sus estudios ha desarrollado el concepto de disposición explicando a su vez, las transformaciones y la evolución de los sistemas laborales. El estudio desarrolla un análisis sobre el efecto de ciertas coyunturas sobre la administración laboral de la hacienda. En sus primeros artículos el análisis se limita al periodo comprendido entre 1905 y la década de los sesenta.

Otro complemento en el análisis de este proceso, es el presentado por mismo Anrup en colaboración con el investigador del actual proyecto (Anrup y Ramírez, 1994; Anrup y Ramírez, 1996). En estos artículos se aprecian las mismas preocupaciones teóricas e investigativas, pero cubren otro marco cronológico. Este abarca la llamada época de La Violencia (1949-1965) y termina con el decaimiento y fracaso de la empresa cafetera La Aurora.

El material bibliográfico representado en monografías, artículos y cierto tipo de Publicaciones se puede dividir en varios grupos:

1. Investigaciones especializadas, relatos de viaje, crónicas y artículos relacionados con la colonización interna, la evolución de la agricultura, y el régimen de haciendas.

2. Estudios con enfoque histórico y económico sobre el proceso de la caficultura y las relaciones laborales según los géneros. (algunos han sido presentados previamente)

3. Los estudios sobre historia socio-políticas local, con énfasis sobre movimientos sociales, violencias y el desarrollo en general de la región. Estos ofrecen elementos empíricos sobre para las circunstancias y coyunturas externas que afectaron las fincas cafeteras.

4. Y los estudios relacionados con cuestiones metodológicas y teóricas del quehacer histórico.

6. Bibliografía

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THOMPSON, Paul
1980 Det förgångnas röst, den muntliga historieforskningens grunder, Gidlunds, Södertälje. (Traducción del titulo original: The voice of the past)

VIAJERO ALEMÁN EN EL LÍBANO, 1884


Viaje por los Andes colombianos, 1882-1884

Alfred Hettner*

* (1859-1941), geógrafo y profesor alemán que realizo destacadas investigaciones en los Andes. Nació el 6 de agosto de 1859 en Dresde y murió el 31 de agosto de 1941 en Heidelberg, en plena Segunda Guerra Mundial. Doctorado en la Universidad de Estrasburgo, fue el pionero y fundador de la geografía moderna en Alemania. Su metodología y su filosofía materialista, inspiradas en Kant, influyeron decisivamente en los geógrafos soviéticos y rusos. En 1895 creó el diario Geographisches Zeitschrift y publicó en 1927 Die Geographie: ihre Geschichte, ihre Wesen und ihre Methoden. La primera cátedra de Geografía en la Universidad de Heidelberg fue establecida en 1899, a cargo de Hettner, probablemente el científico que más contribuyó a consolidar la reputación internacional de la Universidad en el área y le dio a la Geografía bases filosóficas y científicas muy firmes.
Capítulo V - Viaje a través de la Cordillera Central
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3. El Páramo del Ruiz y Ambalema
En lugar del camino usual, que atraviesa el páramo de Aguacatal para pasar por Honda, escogí para mi viaje de regreso de Manizales a Bogotá la ruta que más al sur pasa por las inmediaciones del nevado del Ruiz, más interesante, sin duda, para mí, pero que a la vez demanda mayores esfuerzos, tanto por el estado lamentable en que en partes se halla como por la necesidad que encierra de pernoctar, una vez por lo menos, al aire libre en el frío del páramo. Circundada por caminos de herradura, y sin ninguna importancia imaginable para la intercomunicación, una carretera en buen estado, pero con la sensación de estar construida por donde no era, me sirvió de arranque. Con vena humorística F. von Schenck nos cuenta sobre el origen del fenómeno: Un manizaleño, muy listo, había importado un coche. A falta de otro uso distinto para el vehículo, mandó construir aquella vía, a un costo bastante elevado, para así procurarse el placer de pasear en coche. Ya al cabo de una milla, llegamos al otro extremo del trecho, para a la vez dejar el camino que conduce al páramo del Aguacatal y, a otra milla de distancia, alcanzar el caserío de Frailes o Montaño, situado a 2.500m sobre el nivel del mar, como último establecimiento humano de este lado de la cumbre, a pesar de quedar todavía a 100 metros por debajo de la elevación de Bogotá. El paisaje abierto atravesado hasta ahora había ayudado a mantener el camino en un estado bastante transitable, bien diferente del que empieza ahora al entrar a la zona de arborescencia, que está en un estado tan lamentable que la bestia a cada paso se hunde a más de la rodilla. Pero ¡qué tal se encontraría en época de lluvia, si hoy todavía nuestro guía se atreve a calificarlo de primera, como lo sigue haciendo, tal vez para consolarnos!

Por fortuna, el lodazal no continúa sino por un par de horas, al paso que el camino por el Quindío, que pasa más al sur y siempre a cubierto del monte, sin llegar a subir al propio páramo, va ofreciendo similares condiciones por varias jornadas enteras. En los tiempos de Humboldt era únicamente pasable o bien a pie o a espaldas de peón, y aún hoy, si bien convertido en camino de herradura, sigue impasable para mulas durante la mayor parte del año. En semejantes condiciones el único animal apropiado sigue siendo el buey. Así que, recordando el accidente sufrido en la Picona, como medida de previsión había alquilado uno para el cruce del Ruiz, que me servía de bestia de carga. Al cabo de seis horas llegamos a las azufradas de Termales, a los 3.500m de altura y con una temperatura de 64°C. en la fuente. Unos ranchos en estado más que miserable y con capacidad apenas suficiente para dar cabida a un hombre, servían para alojar a los bañistas. De aquí para arriba el monte pierde exuberancia, para ir transformándose poco a poco en la conocida vegetación del páramo bajo, consistente de arbustos y matorrales. A los 4.055m alcanzamos la divisoria hidrográfica, que a la vez viene a constituir aquí la frontera entre los Estados del Cauca y del Tolima.

Bajando, encontramos a la media hora la cueva de Gualí, prevista para pernoctar. Un poco desilusionado quedé al comprobar que la llamada cueva no es nada más que una peña colgante, difícilmente adecuada para ofrecer protección satisfactoria aun contra aguaceros o torbellinos de nieve. Una vez descargadas las bestias y amarradas con lazos largos a fin de permitirles la cogida de suficiente forraje, pero impidiendo a la vez su escapada, mis acompañantes se dedicaron a reunir hojas de frailejón y leña, para prender la candela destinada tanto a preparar nuestra comida como a servirnos de calefacción, por lo menos durante el comienzo de la noche. Cumplidos tales menesteres, la oscuridad se había presentado, ahuyentando la niebla predominante durante el día y permitiendo divisar los oscuros contornos del gigantesco nevado en dirección sur de nuestro acantonamiento. No tardamos en preparar nuestros alojamientos, para dormir a medida que el frío lo permitía.

Para conjurar el frío, la primera medida por la mañana fue preparar nuevamente la candela con el objeto de gozar pronto de un chocolate caliente. Luego me encaminé, acompañado por el guía, para regresar a la divisoria hidrográfica en el empeño de subir desde allí al admirable cráter situado al pie del Ruiz en sus faldas occidentales. Al cabo de una hora, contada desde el paso, llegamos a Lagunetas, ubicación de un número de lagunas menores, frecuentadas por bandadas de patos. El piso era en gran parte como acolchonado y sembrado de plantas bajas con hojas tiesas ordenadas a manera de rosetas y armadas de espinas, de aspecto extraño. Admito que tales condiciones, agravadas por la atmósfera enrarecida, me dificultaron bastante el caminar, obligándome cada tantos minutos a unos instantes de descanso. Como contratiempo adicional volvió a presentarse la niebla, primero en nubes aisladas, para pronto densificarse hasta el punto de hacernos perder de vista el cráter, a pesar de la ya corta distancia a que estábamos. Así las cosas, me parecía inútil persistir en realizar nuestro propósito, ya que el goce del panorama que me había inspirado tenía muy poca probabilidad de brindársenos, en tanto que el estudio más a fondo de los fenómenos plutónicos estaba fuera de mis planes, habida cuenta de los del doctor Reiss, quien al efecto había escalado también este cráter en 1868, cuando en su intento de subir al nevado mismo se había visto forzado a desistir de su empeño a medio camino, para así apenas escapar de una muerte segura. Al efecto, los meses de diciembre a febrero, favorecidos por la ausencia de niebla, son los destinados para el ascenso, y en cuanto al equipo, es aconsejable incluir la carpa, que permitirá pernoctar a inmediaciones del pie del nevado, para iniciar la subida misma a primera hora de la mañana.

Regresamos pues a nuestro campamento para disfrutar del pequeño almuerzo, preparado entretanto por mi ayudante, para luego continuar viaje hacia la cueva del Toro, escogida por terminal de la jornada. El camino, en dirección sudeste, pasa en su mayor parte por un terreno de suelo negro húmedo, yendo en subidas y bajadas alternas, para así permitir el cruce de las entalladuras cortadas por los riachuelos que, descendiendo del nevado, después se unen para formar el río Gualí, el mismo que habíamos cruzado cerca de Mariquita y que luego desemboca en el Magdalena en las cercanías de Honda. A poco tiempo pasamos por la cueva de Nieto, al lado derecho de nuestra ruta, que tiene fama de reunir las mejores condiciones para pernoctar en el páramo; ojalá la cueva del Toro, que alcanzamos a corta distancia, y donde pasamos una noche de sumo desagrado, nos hubiera resultado con las condiciones de aquella. Como consta de la mera pared de una roca, deja libre acceso al viento, suficientemente frío para convertirnos en unos seres medio congelados durante la noche, y privados además de toda posibilidad de prender la candela que nos hubiera permitido preparar siquiera algún alimento caliente para el desayuno. Con todo, al empezar a subir por los arenales, amplia extensión de arena volcánica, no habíamos ganado tiempo, pero sí dejado de aprovechar la mejor oportunidad de descanso nocturno que nos hubiera ofrecido la cueva de Nieto. La fatiga causada tanto en los humanos como en nuestros animales por el ascenso sobre la arena suelta en combinación con el aire enrarecido, se vio, no obstante, ampliamente recompensada con la vista realmente excepcional sobre el ventisquero que se nos ofrecía en dirección sur. Por momentos las nubes dejaron libres a nuestros ojos también las inmensas masas de nieve, coronadas por los dos picos del Ruiz, vista que yo había anhelado tanto, para luego volver a correr su telón y hasta envolvernos a nosotros mismos, haciéndonos pensar así en el regreso.

Después de un frugal desayuno tomado en nuestro campamento, emprendí otra pequeña excursión, esta vez hacia el pie de un pequeño helero bastante escarpado, cuyas bien formadas morrenas laterales descienden todavía un kilómetro aproximadamente, o sea 50 metros medidos en línea vertical, de uno y otro lado de su pie. Para llegar allí, me tocó pasar por el llamado Derrumbe, una aglomeración irregular de materia volcánica, cuya formación se atribuye a una erupción ocurrida en el año de 1845. Cerca del camino principal existen más lagunas originadas en las depresiones de aquella sierra peculiar. Desde el lado opuesto del Derrumbe el camino continúa, para alcanzar en el alto del Boquerón su máxima altura, o sea 4.250 metros, punto este afamado por la vista panorámica especialmente bella que, con buen tiempo, ofrece sobre el pico cubierto de nieve del Tolima. Luego el camino sigue en pronunciado descenso, aprovechando las grietas abiertas por las lluvias en el negro suelo pantanoso. Más adelante encontramos el terreno cubierto por una arborescencia achaparrada, que poco a poco iba cediendo el lugar a su vez al propio monte alto. Más o menos al borde superior de este monte, y ya pasado el río Lagunilla, resolvimos pasar la noche en el tambo del Rosario. Formado por el mero techo y carente de paredes laterales, ubicado a 3.300m de altura, este tambo no obstante parecía ofrecernos un ambiente templado, comparado con el reinante durante las heladas noches en el alto páramo. A la mañana siguiente se despidió nuestro guía para regresar con su buey a Manizales, en tanto que nosotros continuamos bajando en dirección oriental. Como sorpresa agradable encontramos el camino en un estado extraordinariamente bueno, ancho y sin mayores pendientes, así que en buena parte pudimos pasarlo a trote. Otro deleite para mi era la cantidad de moras tan deliciosas como nunca las había encontrado antes en mis viajes por Colombia, para no dejar de mencionar el derroche de bellas flores que, de ordinario brotando de trepaderas y parásitas, adornaban árboles y arbustos. Pasada una hora, alcanzamos la primera morada humana, Sabana Larga, a 3.186 metros de altura, excediendo en 650 metros la más alta encontrada al otro lado de la sierra.

Al cabo de otra hora llegamos a Murillo, pueblo apenas en estado de fundación y, por lo tanto, todavía de aspecto pobre. Y con tres horas más de buen cabalgar a través de un paisaje cubierto de espeso monte, pero por lo demás sin características especiales, excepción hecha de unos dispersos ranchos al lado del camino, estamos en el pueblo de Líbano, de reciente fundación antioqueña y tal como Fresno, también situado en una hondonada. Muy a nuestro pesar termina aquí el bien trazado camino, para más abajo continuar en forma de las acostumbradas vías colombianas con su eterno subir y bajar. También el paisaje va cambiando a medida que la roca volcánica, característica en el trayecto recorrido desde la cresta para acá, está a punto de ceder a una zona de esquistos cristalinos y granito gnéisico, que tiene forma de una marcada loma con rumbo de sur a norte, a la cual ascenderemos desde la orilla opuesta de la quebrada Honda, o sea desde los 1.100 metros de altura. Desaparece poco a poco la espesa selva exuberante, en tanto que van en aumento las huellas dejadas por el trabajo y la destrucción originarias del hombre, como también la vegetación necesariamente va adaptándose al clima progresivamente más cálido y más seco en el sentido de que pierde en abundancia y vigor. Una vez más nos hallamos en frente del valle del río Magdalena, con las cadenas de la Cordillera Oriental, medio envueltas en los vahos de la atmósfera. Rápidamente desciende nuestro camino, para alcanzar el piedemonte cerca del pueblo, pequeño y miserable, de Coloya, (antigua Lérida) a orillas del río de idéntica denominación. Luego llegamos, en ascenso de unos veinte metros, a la población de Lérida, situada sobre la meseta tobácea.

Cabalgando por esta durante tres horas, llegué al día siguiente a Ambalema, donde se me brindó hospitalaria acogida en casa de los señores Frühling y Göschen. Un ataque de fiebre benigna que sufrí desde el momento de mi llegada probablemente tuvo su origen en los frecuentes y bruscos cambios de temperatura que me había tocado aguantar en el transcurso de la última semana.
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VIDA Y OBRA DE LUIS FLÓREZ


VIDA Y OBRA DE LUIS FLÓREZ

Es absolutamente imprescindible hacer una corta introducción sobre su origen y entorno para comprenderlo. La familia Parra —este es su verdadero apellido, Flórez el materno— emigró del oriente antioqueño (El Peñol) a Manizales hacia 1850. Allí los hombres se dedicaron a la arriería, en la ruta Manizales-Honda, que los llevaba a cruzar con frecuencia por un paraje en el Tolima, entonces denominado Vallecitos, en las estribaciones de la cordillera central, sitio que escogieron para radicarse. Establecidos allí, Isidro Parra organizó a la comunidad y procedió a fundar El Líbano, en 1865. Cristino, uno de los hermanos de Isidro, fue el padre de Luis Flórez.

Las guerras civiles eran frecuentes y no tardaron los Parra en participar en ellas, enrolados en el partido liberal. Bajo la dirección de Isidro, se creó el batallón Líbano, que debía controlar un área estratégica, pues este era uno de los pocos pasos utilizables por las tropas conservadoras para atravesar la cordillera desde Antioquia y Caldas hacia la capital de la república.

Pero las guerras civiles dejan secuelas. En 1895, pese a no participar en la contienda desatada en ese año, Isidro Parra fue asesinado en su finca mientras dormía, por una cuadrilla conservadora al mando de un tal Luis Arango. Los asesinos trasladaron el cadáver y lo colgaron, desnudo, de un árbol en la plaza del pueblo hasta cuando manos piadosas le dieron sepultura. Hoy sus restos reposan en un monumento erigido en el centro de la misma plaza. En “Monografía del Líbano y biografía de su fundador, el general Isidro Parra” de Luis Eduardo Gómez, hay información completa sobre estos aspectos, así como en “Arrieros y fundadores”, de Eduardo Santa.

El radicalismo de los Parra en política y su enconada resistencia al clero católico les granjearon innumerables y poderosos enemigos. Además de Isidro, también fue asesinado su hermano Joaquín y excomulgado Cristino, en ceremonia de visos medievales, llevada a cabo en 1905 por el obispo Ismael Perdomo, en la plaza del pueblo. Parece que esta ceremonia estaba proscrita ya para esa época por la Iglesia y se dice que el haberla celebrado fue una de las causas que impidieron la canonización de Perdomo, cuando la noticia llegó a oídos del Vaticano.

Terminada la Guerra de los Mil Días, el general Cristino Parra se negó a deponer las armas y mantuvo durante dos años más una guerrilla en los alrededores del Líbano, según narra Carlos Eduardo Jaramillo en “Los Guerrilleros del Novecientos”. Como secuela de la guerra, los Parra perdieron la mayoría de sus propiedades rurales y sólo retuvieron una pequeña finca en la vereda La Honda.

En este entorno nace en 1916 Luis Flórez, pero no bastan estos antecedentes. Fue hijo “natural” o extra-matrimonial, lo que en ese entonces era un verdadero estigma. Dada la pobreza de su madre, doña Benigna Flórez, fue acogido en el hogar que su padre conformaba con Julia Rubio y sus 6 hijos. Una crónica más detallada de la trayectoria vital de los Parra puede encontrarse en la obra del profesor estadounidense James Henderson “Cuando Colombia se desangró”. Sobre la participación del general Cristino Parra en los preparativos de la revolución de los bolcheviques del Líbano, en 1929, probablemente el primer alzamiento de ese género en América Latina, leer “Los bolcheviques del Líbano”, del sociólogo Gonzalo Sánchez.

CRONOLOGÍA:

1916: Nace en Armero
1918: Muere la madre, Benigna Flórez
1926 a 1931: Estudios de primaria en la escuela rural del corregimiento de Tierradentro y en el colegio de doña Dioselina Ramírez de Rubio, en la población de El Líbano
1932 a 1936: Cursa los primeros cinco años de bachillerato en el Colegio Oficial de Varones del Líbano, fundado en ese mismo año y luego denominado “Instituto Nacional Isidro Parra”
1937: Cursa sexto de bachillerato en el Colegio San Simón de Ibagué, donde se distingue como líder estudiantil
1938 a 1941: Gracias a una beca obtenida por sus excelentes notas, se traslada a Bogotá, donde estudia Filología e Idiomas --una carrera nueva en esa época-- en la Escuela Normal Superior. Obtiene el título de Licenciado con grandes elogios por su destacado rendimiento académico.
1942 a 1943: En atención a sus altas califica¬ciones, a su dedicación y responsabilidad en los estudios y a su interés por avanzar aún más en el conocimiento de la Lingüística y la Filología, la Fundación Rockefeller le otorga una beca para adelantar estudios de postgrado en Estados Unidos. El Philosophy Hall de la Columbia University en Nueva York, y las universidades de Chicago y Wisconsin, le propor¬cionan una especialización avanzada con eminentes profesores norteamericanos y europeos. Allí intensifica su preparación en Lingüística General, Fonética, Dialectología del Español y Geografía Lingüística.
1944: Fallece en El Líbano, su padre, el general Cristino Parra. La Fundación Rockefeller le da la oportunidad de adelantar en la Escuela Nacional de Antropología de la ciudad de México, cursos intensivos de Lenguas Indígenas Mexicanas con el profesor Kenneth L. Pike, creador de la Gramática Tagmémica. Termina brillantemente sus estudios, con la redacción de un "Proyecto de Gramática de la Lengua Chinanteca". Al regresar a Colombia, a finales de 1944, Luis Flórez encuentra que se ha creado el 25 de agosto de 1942 el Instituto Caro y Cuervo, para investigar en Filología y Literatura. Con brillante hoja de vida, se presenta allí a solicitar trabajo. El humanista y sacerdote jesuíta Félix Restrepo, primer Director, lo contrata de inmediato para que se una al grupo que recoge material a fin de continuar el “Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana”, de don Rufino José Cuervo. El 1º. de octubre de 1944 inicia su actividad profesional en esta institución que hasta entonces carecía de méritos conocidos, aunque tenía, eso sí, muy buenos propósitos para la investigación.
1949: El 24 de agosto se constituye la sección de Dialectología, para investigar el estado actual del castellano en Colombia y es nombrado jefe. Para ese entonces estaba en su apogeo la violencia política en el país y en especial en El Líbano, que junto con Puente Nacional, fue catalogado como el municipio con mayores índices en ese sentido.
1950: Con la tesis titulada: “La pronunciación del español en Bogotá”, prologada por el gran fone¬tista español Tomás Navarro --quien había sido su profesor en la Universidad de Columbia durante sus estudios de postgrado--, recibe en la Escuela Normal Superior el título de Doctor en Filo¬logía.
1951: La Academia Colombiana de la Lengua lo elige como Miembro Correspondiente. El Instituto Caro y Cuervo publica su primer libro (y tesis doctoral) “La pronunciación del español en Bogotá”.
1954: Dirige un curso destinado a adiestrar a los futuros investigadores del Atlas Lingüístico - Etnográfico de Colombia, para el cual redacta un cuestionario preliminar. En el lapso 1951-1952, la violencia política alcanza su clímax en El Líbano. Policías chulavitas exterminan durante una sola semana a un número indeterminado (se dice que fueron 1.500) de liberales. Nunca se informó sobre ello porque los medios de comunicación estaban o clausurados o censurados. Al respecto, ver “De la república a la dictadura”, de Carlos Lleras Restrepo.
1955: Elegido como Miembro de Número de la Academia Colombiana de la Lengua, toma posesión de la Silla “X”, el 12 de marzo de 1956, y pronuncia un elogiado discurso con el título: “Algunas observa¬ciones sobre el castellano hablado en América”. Allí presenta numerosos trabajos de investigación, colabora durante cinco años en la Comisión de Vocabulario Técnico, y desde 1973 hasta su muerte, coopera en la Comisión de Lexicografía.
1956: Primera encuesta experimental, en Pacho, previa a la iniciación de los trabajos del Atlas. Viaja a España, Francia, Italia y Bélgica con el objeto de informarse acerca de la elaboración de los atlas lingüísticos que se adelantaban en dichos países.
1957-1958: Se reanudan las encuestas preliminares.
1959-1978: Se efectúan las encuestas programadas en 262 localidades. Éstas se disponen en tal forma que constituyen una malla que cubre la parte más habitada del país.
1974-1975: Bajo los títulos de “Notas de lenguaje” y “Apuntes de español”, publica numerosísimos artículos en las "Lecturas Dominicales" de "El Tiempo". Estos artículos, encami¬nados a mostrar el uso correcto del español, le dan mucho prestigio. Revisados, actualizados, y parcialmente aumen¬tados, se publican por el Instituto Caro y Cuervo en libros, bajo los títulos de “Temas de Castellano” y “Apuntes de Español”.
1977: Termina su actividad docente, que realiza simultáneamente con su labor como investi¬gador, en el Seminario Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo. Sus principales cátedras son: Dialectología, Geografía Lingüística, Gramática Histórica del Español, Español Medieval, Español Moderno y Español de América en la Escuela Normal Superior de Colombia, en el Instituto Etnológico Nacional y en las Universidades Jave¬riana y de los Andes.
1982: El 14 de junio, entrega formal del primer tomo del Atlas Lingüístico - Etnográfico de Colombia (ALEC).
1985: El 26 de mayo fallece en la clínica de la Caja Nacional de Previsión.

OBRAS

Apuntes de Español, Del español hablado en Colombia: Seis muestras de léxico, El español hablado en Montería y Sincelejo, El español hablado en Santander, El español hablado en Segovia y Remedios, El habla de Chocó, Habla y cultura popular en Antioquia, La pronunciación del español en Bogotá, Las Apuntaciones Críticas de Cuervo y el español bogotano cien años después, Lecciones de pronunciación, Lengua española, Léxico de la casa popular urbana en Bolívar, Léxico del cuerpo humano en Colombia, Muestra del léxico de la pesca en Colombia, Pronunciación del español en Bogotá, Pronunciación y fonética, Temas de castellano: Notas de divulgación.

Luis Flórez introdujo en el país el interés por conocer las características regionales y, en general, todo género de variantes diatópicas (la lengua vista en espacios geográficos más o menos apartados unos de otros). Debido a este interés, fue el gestor del Atlas lingüístico - etnográfico de Colombia, cuyas investigaciones dirigió, y participó directa y activamente en la publicación de tan magna obra. El ALEC es una obra fundamental en los estudios de la filología hispánica y la primera de su género que, por su trascendencia, fue comparada con la que realizó en su tiempo don José Celestino Mutis en la Expedición Botánica, porque con el conjunto de su material léxico cuidadosamente clasificado se entra de lleno en el conocimiento del hombre colombiano, de su sicología, de su habla popular, de su modo de pensar, de sus usos y costumbres y de su género de vida. El Atlas lingüístico-etnográfico de Colombia (ALEC), es el monumento lingüístico de mayor relieve y, por lo tanto, otra obra científica de que se puede ufanar la cultura colombiana.

El ALEC, su obra cumbre, es una colección de mapas que muestra gráficamente, en seis tomos, la distribución de multitud de fenómenos del español hablado en cada una de las regiones naturales de Colombia. Durante 25 años se acopiaron datos relativos al español hablado en cada una de ellas y, además, los referentes a los usos y costumbres de los habitantes, a su vivienda, vestuario, alimentación, reglas de trato externo, y a los hábitos ocupacio¬nales y las tradiciones que se observan en ellos; los modos de subsistencia y las labores que se practican (agricultura, ganadería, pesca, artesanía, empleos particulares o públicos); los diversos aspectos del folclor, como cantos, bailes, juegos, espectáculos, creencias, mitologías, medicina popular, etc.

El primer tomo registra expre¬siones relacionadas con el tiempo y el espacio, con el campo y sus cultivos, y con las industrias vinculadas a la agricultura. El segundo, está dedicado a aspectos varios de la ganadería y de los animales domésticos y silvestres. El tercero, aborda temas relativos a la familia y el ciclo de vida (nacimiento, matrimonio y muerte), a las instituciones y la vida religiosa, y a las festividades y distracciones fundamen¬tales de la gente. El cuarto, describe en detalle aspectos referentes al vestido y la vivienda populares. El quinto, profundiza en las denominaciones comunes del cuerpo humano y de la alimentación típica. Y el sexto, recoge temas de oficios y empleos, de embarcaciones y pesca, de transportes, y de Fonética y Gramática.

Consta además de tres partes adicionales: Un Manual o libro introductorio, que cuenta la historia del ALEC y presenta infor¬maciones y explicaciones pertinentes a la metodología, apreciación y comprensión de toda la obra. Un Glosario lexicográfico, que recoge alfabéticamente todos los vocablos que aparecen en los seis tomos, con sus correspondientes sentidos y ubicación por tomos y páginas. Y un Suple¬mento, más dos discos fono¬gráficos, que traen muestras de las canciones de cuna y de los cantos para velorio de niños y de adultos en las costas atlántica y pacífica.

En “El Espectador”, del 30 de mayo de 1985, Azriel Bibliowicz le dedica una honrosa nota que entre otras cosas dice:

“La nueva ciencia. Un hombre que cambió a Colombia.”
“... me sorprendió la noticia de la muerte del profesor Luis Flórez. Me dolió saber que el país perdía a uno de sus grandes catedráticos e investigadores. Conocí al profesor Flórez en su oficina del Instituto Caro y Cuervo cuando decidí escribir unas notas sobre el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia. No solo me impresionaron la frescura, buen humor y sencillez del profesor Flórez sino la tranquilidad y la seguridad del hombre que sabe que ha terminado una obra maestra. El profesor Flórez fue el director del equipo que atravesó 262 pueblos del territorio nacional y, después de 25 años de trabajo constante, nos entregó lo que se podría catalogar como la expedición botánica del lenguaje popular.”

“En Colombia siempre hemos vivido cultivando tres grandes vertientes del conocimiento: el lenguaje, la jurisprudencia y la botánica. El Instituto Caro y Cuervo se creó buscando continuar esta labor inte¬lectual iniciada por la gran figura colom¬biana del siglo XIX: Rufino José Cuervo. En 1983, Luis Flórez le entregó al país el sexto volumen del Atlas, que viene a ser la investigación más importante que se ha realizado en Colombia en los últimos años.”

“Siempre que trato de describir lo que es el Atlas siento que me quedo corto. Leo de nuevo lo que he escrito y a pesar de los esfuerzos que busco hacer, soy cons¬ciente de que las palabras no lo retratan. El Atlas entra por los ojos. Sin embargo, quiero continuar con una de las lecciones que nos deja el profesor Flórez: la constancia. Así, pues, intentaré hacerlo de nuevo, aún cuando sé de antemano que me quedaré corto. Son seis volúmenes, un manual, un suplemento con texto y dos discos de cantos de los velorios de las costas colombianas. Los gigantescos volúmenes están llenos de mapas, dibujos, fotos, planos y pentagramas, en donde cada lámina nos revela una palabra y nos enseña cómo se dice en las diferentes regiones de Colombia. En este sentido se recopilaron los principales términos que se usan en la vida cotidiana de los colombianos, fabricando con ello un mosaico de los dialectos del español que habitan en el país. El Atlas es una cantera del lenguaje vivo y popular de Colombia. El Atlas cruza las fronteras de las disciplinas. Es una obra especial para todas las profesiones. Los inge¬nieros y arquitectos descubrirán en ella una reco¬pilación de los principales planos y construcciones que se hacen en el país. Los médicos tendrán en este trabajo un instrumento que les permitirá conocer las creencias populares y las supersticiones que viven los diferentes pueblos. Datos necesarios para cualquier persona realizando su año rural. Los científicos sociales encontrarán una información rica a nivel etnográfico y además podrán conocer los diversos modos de producción que se han desarrollado en el campo colombiano. Las maestras hallarán en él los principales cantos y juegos infan¬tiles del país.”

“Realmente no sé cómo describir este trabajo que abarca tantas disciplinas y que le descubre a Colombia. Investigar siempre ha sido una labor revolucio¬naria. No es descabellado decir que con la desaparición del profesor Flórez el país pierde a un verdadero revolucionario. Gracias a su laborio¬sidad podremos encontrar su comple¬jidad. Me contó con una gigantesca sonrisa, que en más de una ocasión fue amena¬zado por las autoridades locales cuando realizaba el trabajo. Quizás estas intuían que el interpretar la realidad es el primer paso para transformarla.”

Referencias

RESTREPO GARCÉS, Germán. Nuevos datos biográficos de Luis Flórez. En: Presencia del Tolima en la Lingüística. Ibagué, Universidad del Tolima, 1987
PARDO, Carlos Orlando. El Líbano (Tolima) y Luis Flórez. En: Presencia del Tolima en la Lingüís¬tica. Ibagué: Universidad del Tolima, 1987
LOZANO RAMÍREZ, Mariano. Luis Flórez, Gran Maestro de la Dialectología Colom¬biana. En: Presencia del Tolima en la Lingüística. Ibagué: Universidad del Tolima, 1987
ALARCÓN LÓPEZ, Juan Francisco. El ALEC, Atlas Lingüístico Etnográfico de Colombia. En: Presencia del Tolima en la Lingüística. Ibagué: Universidad del Tolima, 1987
MONTES GIRALDO, José Joaquín. Dialectología General e Hispanoamericana. 2ª ed. Bogotá: Insti¬tuto Caro y Cuervo, 1987.
HENDERSON, James. Cuando Colombia se desangró. El Áncora Editores, Bogotá, 1984.
JARAMILLO, Carlos Eduardo. Los Guerrilleros del Novecientos. Fondo Editorial CEREC, Bogotá. 1991.
GOMEZ, Luis Eduardo. Monografía del Líbano y biografía de su fundador, general Isidro Parra. Imprenta Departamental, Ibagué. 1961

Isidro parra del libro textos antipaticos delimiro

ISIDRO PARRA
(DEL LIBRO “TEXTOS ANTIPATICOS”, por DELIMIRO MORENO)

Colono antioqueño, fundador del Líbano, uno de los personajes más atrayentes en la historia del Estado Soberano del Tolima, al que sirvió como militar, intelectual, legislador, agricultor, coloni¬zador y funcionario público.

Nacido en El Peñol (Antioquia), en el hogar de Jesús y Jacoba Parra, el 15 de mayo de 1839, formó parte de la ola de campesinos paisas que se volcó sobre los territorios del sur de Antioquia para colonizarlos, apenas con los rudimentos de la escuela primaria adqu¬iridos en Manizales, donde ya se encontraban sus padres, en la escuela de don Nepomu¬ceno Hoyos. Parra aparece por la región en que fundará al Líbano hacia 1860, en compañía de sus hermanos Luis, Heráclito, Jesús María, Joaquín, Mauricio y Cristino.

Al estallar la revolución radical de 1860 encabezada por el General Mosquera dizque se enrola en sus filas en Manizales, pero es detenido y llevado a Medellín “hasta que el propio General le dio la libertad cuando tomó la ciudad”, dice en dudosa refe¬rencia histó¬rica Armando Gómez Latorre, quien agrega:

“Aquella inteligencia juvenil, la fogosidad y el talento sorprendieron al curtido caudillo. Inmediatamente lo incorporó al ejército con grado en el Estado mayor. Y más aún, viendo su dinamismo y capacidad de organi¬zación, lo hizo su Secretario de Guerra y Marina (sic). Qué engrei¬miento entonces para un joven de 21 años ser Ministro de la Revolución triunfante”

El dato se antoja como muestra de cierta tendencia a mitificar los personajes para uso de sus coterráneos, pero es bien dudoso porque para esa fecha el General Mosquera se hallaba en Bogotá (no marcharía a Antioquia sino en 1862); no se conoce ningún docu¬mento que hable de Parra como Secretario de Guerra y Marina y todo indica que por esos años el joven, con sus padres y hermanos, ya andaba por las tierras colonizables del Nevado del Ruiz en plan de fundador de pueblos, aunque Tulio A. Forero, quien fue ama¬nuense suyo en la Asamblea del Tolima y de donde tomó su cita Gómez Latorre, afirma que fue después de su permanencia en Medellín cuando Isidro viajó a la colonización del Líbano para acompañar a sus hermanos que ya se encontraban allí .

Con cierta ingenuidad, el investigador James Henderson, acoge en su importante libro la versión fantasiosa de sus primeros años:

“Siendo un joven de 21 años, Parra se había distinguido al lado del General Mosquera en la guerra civil de 1860. Cuando, cuatro años más tarde, los conser¬vadores se apoderaron del gobierno de Antioquia, reunió a un grupo de jóvenes de ideas liberales y se fugó a la cordillera, dete¬niéndose única¬mente cuando se encontró frente a un pintoresco valle boscoso que más tarde llamó Líbano por sus grandes árboles de hoja perenne que traían a la mente los famosos cedros del Líbano. Parra tomó la decisión de crear allí una ciudad que no tuviera rival dentro del Tolima, y a lo largo de su vida prosiguió su plan con una tenacidad que hizo de él, el patrono espiritual y físico del pueblo”

Lo cierto es que el joven Parra se dedica en esos años a descuajar montañas en la zona del Líbano, donde ya se encon¬traban otros colonos, en sus casas dispersas y sus “abiertos” aislados, y especialmente un curioso personaje francés, el ingeniero Desirée Angée , quien había llegado al país contratado por el cónsul colombiano en París, Manuel María Mosquera, en junio de 1846, para trabajar en la construcción del Capitolio Nacional. Fracasada esta obra inicialmente, Angée decide convertirse en colono y emprende su viaje hacia las tierras laderanas del Ruiz. Allí se le unen luego otros, unas 18 familias particular¬mente de origen paisa, a quienes luego comprará por los años de 1853 y 1854 sus derechos en esos desmontes .

Pero ni Angée (quien lleva a su fundo a la exmonja Mercedes González, no se ha preci¬sado muy bien si en una aventura román¬tica o como apoyo a una pobre vieja desenclaus¬trada por la política del General Mosquera), ni los otros colonos iniciales habían pensado en formar una población, idea que parece haber sido original de Isidro y sus hermanos.

Por esa época “arruma libros, dice Gómez, que tratan de materias tan áridas e insulsas, si se tiene en cuenta el escenario, como las que se inspiran en cuestiones fiscales, fomento y hacienda pública. Alterna esas disciplinas con el estudio del francés, del inglés y el alemán, alentado, se nos ocurre, por la amistad con el colono francés, pues no iban a ser sus compañeros paisas tan igno¬rantes como él en esos tiempos, quienes lo indujeran al estudio de las lenguas extranjeras.

La fundación del Líbano es típica de los asentamientos paisas en su zona de coloni¬zación. Convencidos los moradores del nuevo territorio que desde 1850 distin¬guían la zona con ese nombre, a iniciativa de uno de ellos, Liborio Dávila, de la nece¬sidad de reunirse en un poblado, los Echeverri, los Morales, los Carbonell, los Buriticá, los Camargo, los Reyes, los Dávila, los Escobar, etc. bajo el liderazgo de Isidro Parra deciden fundar el pueblo y envían en el mes de enero de 1866 a uno de los suyos, Ricardo Morales, a Natagaima, la capital entonces del Estado del Tolima, en cuyos límites se encuentra la colonización paisa, para que obtenga la expedición de una ley que cree la nueva aldea. Lo hace, con éxito, porque la Asamblea crea la aldea el 27 de enero de 1866, pero les pasó a sus amigos la cuenta de su gestión hasta el punto de que fue necesario escriturarle en pago de ella el patrimonio comunal repre¬sentado en los sembradíos que se habían hecho en el punto cono¬cido como “La Granjita”.

Parra, quien sin lugar a dudas es el líder de la comunidad, pide a su amigo Ramón María Arana, quien será después distin¬guido parlamentario por el Tolima, que haga el trazado de la nueva población y éste “con mente y mano generosa” diseña la nueva urbe como un tablero de ajedrez, con sus calles simétricas y amplias, capaces de soportar, con el correr de los años, el paso de vehículos automotores de gran capa¬cidad.
Situada en un valle con una extensión de unas 450 hectáreas, ubérrimas como ningunas, a una altura de 1.585m sobre el nivel del mar y una temperatura media de 21°C, los creadores de la nueva población dejan a oriente y occidente vastísimas zonas de reserva que servirán para la extensión del poblado. Al norte, occidente y sur, montañas elevadas como la de El Tauro, y menores como la Polka, Alegrías, Arenales y San José, la protegen de manera natural.

A partir del 22 de abril de 1866 se reglamenta la ley 2ª. del 3 de marzo de ese año del Congreso Nacional, que cede a los pobla¬dores de la nueva aldea una serie de tierras baldías, de modo que desde entonces los fundadores disponen de sus solares y labranzas y definen la zona urbana y la extensión de las tierras que a cada uno debe corresponder.

En ese crucial mes de abril de 1866 Parra viaja a Bogotá con el fin de gestionar ante las autoridades y el Congreso nuevos auxilios y leyes a favor de su recién fundado pueblo y el 6 de ese mes aparece como Secretario Interino de la Cámara de Represen¬tantes firmando el acta de ese día con Julián Trujillo como Presi¬dente. Los parla¬mentarios liberales, que de alguna manera ya cono¬cían las capaci¬dades de Parra, aprovecharon su presencia en Bogotá para que reemplazara en la Secretaría de la Cámara a Emiliano Restrepo durante su ausencia. Lo fue por sólo diez días, pues en la sesión nocturna del 16 de abril fue elegido Secretario en propiedad Francisco V. De la Espriella, y en esa votación, al parecer por su propia solicitud, pues deseaba regresar rápidamente a su recién fundada población, de todas maneras obtuvo dos votos.

El 20 de febrero de 1868 contrae matrimonio en Lérida con Cesárea Cevallos, según informa él mismo en un diario reproducido en el libro de Gómez y en el cual registra también el nacimiento de sus once hijos: Jesús Antonio, el 7 de febrero de 1869; Olinda, el 6 de marzo de 1870; Leonidas, el 13 de marzo de 1871; Julia, el 21 de julio de 1872; Horacio, el 8 de enero de 1874; Harmodio, el 14 de julio de 1875; Celina, el 3 de enero de 1877; Ifigenia, el 9 de septiembre de 1878; Alfredo, el 5 de septiembre de 1880; Foción, el 16 de julio de 1882 y Dabeiba, el 4 de noviembre de 1883. Como se ve, una típica familia antioqueña!

El activo colono no se limita a fundar su pueblo y a cuidar su numerosa familia de manera tradicional. Hacia 1870 inicia de manera formal el cultivo del café en los terrenos de “La Moka”, la primera plantación en grande que se conoció en la región, pues el número de cafetos plantados allí llegó a cerca de cincuenta mil, lo que lo convierte, sin lugar a dudas, en el creador de la industria cafetera del Tolima.

Nombrado Administrador subalterno de Hacienda en el Líbano , por decreto 490 de 7 de noviembre de 1874, el gobierno nacional acepta su oferta de prestar gratuitamente sus servicios hasta que se reúna el Congreso y le asigne al cargo su remune¬ración.

Pero el empleo tiene otras ventajas: contrata con su hermano Luis “la conducción del correo de correspondencia e impresos que giren entre el Líbano y Ambalema” tocando de ida y regreso en Lérida. Luis Parra se obliga a reponer los valores que se pierdan; a pagar una multa de $0,50 por cada hora de retardo en la llegada a las admi¬nistraciones de hacienda en los puntos de enlace, y una multa de $200,oo si no cumple el contrato. El trabajo será reali¬zado por dos conductores “fuertes y honrados”, capaces de defender los intereses que lleven, armados y municionados convenientemente. Luis, por el servicio, gana $7,oo por cada viaje redondo y el contrato lo firma por dos años .

En 1876, al estallido de la revolución conservadora con pretexto religioso, con sus hermanos y amigos se convierte en el hombre clave del liberalismo radical en el norte del Tolima en límites con el estado rebelde de Antioquia. Forma el batallón 4º. del Tolima, luego conocido como “el Líbano”, con 400 hombres entre¬nados por él y con quienes se presenta al General Daniel Delgado en Lérida. Este jefe lo comisiona para cuidar la cordillera tolimense e impedir una invasión antioqueña. Parra llega a incur¬sionar con sus hombres inclusive en las mismas tierras antioqueñas.

El 20, 21 y 22 de noviembre de 1876 se cubre de gloria con sus tropas en la batalla de Garrapata, donde los liberales vencieron a las fuerzas rebeldes conserva¬doras. Parra decidió la acción con sus ataques. Terminada la batalla, Parra preguntó al General Sergio Camargo su opinión sobre la jornada y éste le respondió: “Nos sobró valor y nos faltó prudencia”.

Por su participación en esta guerra y especialmente por las expropiaciones de que fue víctima por parte de los rebeldes conser¬vadores y por los suministros que hizo a las fuerzas liberales, soli¬citó y obtuvo en 1879 del gobierno nacional una indemni¬zación de $1.508,40.

En 1877 asistió a la Asamblea del Estado Soberano del Tolima y en ella demostró sus dotes de estadista, su habilidad para las finanzas, sus conocimientos en las ciencias administra¬tivas y su dominio del Derecho, como que fue autor de los proyectos de ley que se convir¬tieron en el Código Fiscal y de Policía del Estado. De aquí sale elegido Representante suplente a la Cámara.

En ese mismo año tradujo del alemán al castellano y adicionó con notas y con un breve vocabulario filosófico un curioso libro de filosofía.

En el prólogo de ese libro afirma:

“Yo he sido i soi mui amante del progreso, he tenido i tengo mucho deseo de luz, para que pudiera permanecer indiferente ante esta lucha (la religiosa) o adherirme a las tinieblas del pasado. No obstante lo oscuro de mi pobre personalidad, lo escaso de mis conocimientos i lo pequeño de mi inteligencia, he querido tomar un puesto entre los que luchan por el progreso, entre los obreros del porvenir.

Para esto era necesario romper con mi pasado, i así lo hice. Examiné cuidadosa¬mente las doctrinas que me ense¬ñaron mis padres, i las repudié tan pronto como vi que no eran conformes a la verdad. Púseme enseguida a meditar en el objeto de los mundos que pueblan el espacio, en el orijen i destino del hombre i en la naturaleza de los seres, i, como resultado de esas meditaciones i del estudio de algunos libros, me formé, por decirlo así, el esqueleto de un nuevo sistema filosó¬fico, religioso y moral.

Ya me preparaba, por medio de los estudios nece¬sarios, a desarrollar ese sistema i a formularlo como mejor pudiera, cuando vino a mis manos la obra inmortal de Federico Herrenschneider, titulada “La Religión y la Polí¬tica de la Sociedad Moderna”. Con sorpresa grande i con profunda satisfacción hallé en ella comple¬tamente resuelta la cuestión del ser i confirmada la mayor parte de mis ideas. En vez de desarrollar mi propio sistema, que ya estaba comprendido en esa obra, quise, pues, traducirla i por medio de notas hacer mis observaciones sobre aquellos puntos en que no estaba de acuerdo con el autor; i al mismo tiempo formé el proyecto de hacer un compendio de ella.

Tenía ya bien adelantada la traducción i me disponía a hacer el compendio, cuando leí en una publicación francesa el anuncio de otra obra del mismo autor, en la cual, después de haber continuado por algunos años sus trabajos i dado numerosas conferencias, presentaba un resumen claro i completo de su doctrina ya perfeccionada. Pedí al instante la nueva obra i la recibí de Europa en vísperas de la más sangrienta de las batallas libradas últimamente para decidir, como en otros tantos juicios de Dios, si el pueblo colombiano debía ser dueño de su libertad i de su progreso, o un vil rebaño de la Curia romana: la suerte de las armas decidió que fuese lo primero. Con sorpresa mayor i con gran satisfacción hallé en la nueva obra espuesta la doctrina como yo intentaba esponerla en el compendio, i corregida en el sentido de las observaciones que yo me proponía hacer a la obra principal, como el autor las hubiera tenido a la vista i las hubiese hallado fundadas.

¿Qué debía hacer yo en este caso? No siendo mi objeto adquirir un nombre a toda costa, ni disputar a nadie —i menos a Herrenschneider—la originalidad; no teniendo más interés en este asunto que el interés de la verdad, mi línea de conducta estaba trazada: no debía hacer otra cosa que traducir la nueva obra, convertirme en apóstol de la nueva doctrina i presentarla en la forma magistral bajo la respetable autoridad del más profundo pensador del siglo. Así lo he hecho; i hoy tengo el honor de ofrecer al público la traducción del Manual de la Filosofía del ser i cate¬cismo de la religión natural con las notas que he creído conve¬niente agregarle para esplicar algunos puntos de la doctrina i responder de ante¬mano a algunas objeciones, i con un breve vocabulario en el que se espresa la signifi¬cación especial que en la obra se da a algunas palabras. Líbano, noviembre de 1877”

En 1879 y 1880 es elegido Representante a la Cámara por el Estado del Tolima y forma parte en ella de la Comisión de Guerra y Marina , que puede ser el origen de la confusión de su exsecretario respecto a su hipotético ministerio del ramo. La memoria es frágil.

La diputación elegida por el Tolima en esos años, estaba conformada además de Parra, por Facundo Mutis, Federico Melo, Eladio C. Gutiérrez y Rafael Rocha C., como principales; y Vicente Solano B., Marcelo Barrios, Carlos Chávez, Manuel Laverde y Fidel Bahamón como suplentes .

En 1881 es elegido cuarto designado para ejercer el poder Ejecutivo del Estado en caso de ausencia del titular y los demás designados, lo cual demuestra su influencia en ese Estado radical. En 1882 es nombrado Jefe Militar del Departamento del Norte, actual Tolima.

Por esos años de 1876 a 1882 debe situarse la historia casi macondiana de la hazaña de Isidro Parra de traer un piano desde Alemania hasta las breñas del Líbano, que doña Olinda Parra de Echeverri, segunda hija de Isidro, narró a su hijo Horacio, en documento que nos fue facilitado por otro familiar suyo, Gabriel Parra Echeverri, nieto de Cristino, (hermano de Isidro), y que dice así, con algunos cambios y adiciones menores para que se adapte a las condiciones de este texto:

“Mi padre, el General Isidro Parra, se puso en contacto con el señor Fruher Fr. Henkel, propietario de la fábrica de pianos R. Kortenbach en Hamburgo (Alemania).

Como el General Parra hablaba y escribía muy bien el idioma alemán, le escribió una carta a su amigo Henkel en la cual le hacía el pedido para que le enviara un piano a la ciudad de Barranquilla, en Colombia, y que allí estaría él listo a recibirlo cuando le llegara la confirmación de su despacho... Como a los dos meses recibió una carta en alemán en la cual le anunciaban que el piano ya había sido despa¬chado, pero que por la dificultad del transporte se demoraba para llegar a su destino, y lo cierto es que el barco se demoró tres meses para llegar a Barran¬quilla.

Como era muy pesado (unas 30 arrobas), acto seguido consiguió lazos, varas de madera y guadua y con los traba¬jadores suficientes que había conseguido lo amarraron y protegieron con encerados y lonas y lo pasaron del barco a un champán de madera que previamente había sido construido con este fin. Allí contrato el servicio de ocho bogas que con ayuda de canaletes y varas de madera muy finas y largas lo fueron subiendo lentamente por el río hasta lograr llevarlo a la ciudad de Honda en 45 días. Allí liquidó y pagó el servicio de los bogas quienes regresaron a su punto de partida... Como el General Parra era hombre muy previ¬sivo, había ordenado con tiempo que le llevaran a Honda 20 hombres fuertes de trabajo, 6 mulas y 6 bueyes, porque el camino era muy estrecho y escabroso y por eso los trabajadores iban provistos de barras, recatones, picas, palas, etc., y llevaban además suficiente provisión de tabaco, fósforos, aguardiente de contra¬bando y víveres para varias jornadas...

Esa odisea fue muy penosa. Dos hombres iban adelante con las barras, luego otros dos con los recatones, dos más con picas y otros con palas y azadones. El piano lo colocaron primero en medio de una parihuela, una mula atrás y otra adelante y dos hombres a cada lado, provistos de palos muy finos con el fin de ayudar a las mulas a trechos convencionales a repartir el peso del piano. Las mulas no resistían mucho rato y tenían que ser reempla¬zadas por bueyes, porque el camino era muy pendiente y revoltoso, con la presencia de tigres, leopardos, venados y borugos, muy útiles éstos últimos para la provisión de carne abundante y agradable. En el sitio que hoy se conoce como “Padilla”, un trabajador de los que sostenían las varas para auxiliar a las yuntas lanzó un grito estridente de horror y angustia al observar que entre uno de los ence¬rados que envolvían el piano se hallaba enroscada una enorme culebra cascabel. Acto seguido llamó a mi padre y éste ordenó que no la mataran con garrote porque dañaban el piano. Ordenó parar los bueyes, preparó cuatro hombres con palos finos y él mismo asustó a la serpiente. Cuando ésta se bajó del sitio, él y los peones la mataron con los palos. Uno de los peones le quitó los cascabeles y los guardó en su carriel de nutria. Este enorme animal pesó una arroba.

Cuando la caravana llegó al sitio donde hoy está el caserío de “El Convenio”, ya habían empleado 25 días en el viaje y después de un breve reposo continuaron la marcha hasta donde hoy está “Campoalegre”. Cuál no sería su sorpresa cuando vieron que un grupo de colonos y fami¬liares habían venido del Líbano a encon¬trarlos y llevarles provisiones y bebidas! Algunas damas llenas de alegría y de entusiasmo les ofrecían unas masato, otras agua con limón, otras guarapo dulce, tamales, carnes, empanadas y muchas otras exquisiteces preparadas todas con agrado y consu¬midas por los hambrientos conductores con satisfacción. Las mulas y los bueyes también tuvieron su merecido descanso y su abundante ración.

Después de este largo descanso y luego de satisfecho su apetito, continuaron la marcha hacia el Líbano, pues todavía les faltaban algunas largas horas para dar fin a la última jornada. Las mulas y los bueyes fueron reempla¬zados, así como todos los trabajadores, por un grupo de voluntarios que se hizo cargo de las labores para que los otros descansaran. El único que no aceptó reemplazo fue mi padre quien al frente de la caravana entró triunfante al Líbano, en medio de muchas palmas, ovaciones y abrazos efusivos, llenos de amor y alegría”.

Hemos transcrito íntegro el relato porque la emoción que nos produjo leer esta página de la odisea de llevar un piano desde Alemania hasta las montañas del Líbano, difícil todavía hoy, quisimos trasladarla también a los lectores.

El 30 de diciembre de 1884, el gobierno del Estado Soberano del Tolima, presidido por el doctor Gabriel González Gaitán “en atención a los méritos y servicios del señor Coronel Isidro Parra tiene a bien conferirle el grado de General de las milicias del Estado”. En conse¬cuencia, le expidió su título y lo inscribió en sus libros .

Como muchos otros colombianos, este hombre de cuya inteli¬gencia y actividad podría haberse esperado mucho más, interviene en su carácter de General en la guerra civil de 1895, no tanto por su gusto como por apoyar a sus hermanos que participaban en ella, y muere asesinado el 17 de marzo de ese año, cuando ya había depuesto las armas y se encontraba retirado de toda actividad bélica.

En documento de mucha importancia, transcrito también por el señor Gómez en la obra citada, Enrique Ramírez Gómez, dirigente conservador, padre de Augusto Ramírez Moreno, informa:

“Bastantes gentes lo siguieron (en su levantamiento armado) porque era hombre prestigioso y singularmente querido en la cordillera. Apenas se avistó con el jefe nacio¬nalista coronel Juan Nepomuceno Gutiérrez, como Parra creía que se trataba de una guerra de libres contra tiranos, y que la oposición (conservadora histórica) encabezada por el General Marceliano Vélez, debía andar en el movimiento, propuso armisticio a su enemigo, fundado especialmente en que podrían estar pronto de acuerdo, pues aquella alma honrada, patriota y ajena al exterminio, sólo aspiraba a que se tornara el absolutismo en armonía política que encajara en la República. Su aspiración era apenas ayudar a que, sin sacrificios, se verificara un cambio que respondiera a sus nobilísimos sueños.

El combate del Papayo, ganado por el Gobierno (conservador) del Tolima y que puso fin a todo peligro de la causa, mató la guerra de aquella sección de la repú¬blica y poco después el General Parra depuso las armas, pasado un ligero combate en Río Recio, y se arrinconó por allá en un escueto rancho de las montañas del Líbano.

Algún denuncio de malaventurados enemigos suyos o agentes del nuevo Gobierno, señaló el sitio donde se encontraba Parra, cuya suerte ya estaba echada, pues a su pode¬roso enemigo, el General Manuel Casabianca, caudillo indiscutible del conservatismo toli¬mense de entonces, no le interesaba que siguiera figurando en la política del Tolima un liberal del prestigio del General Isidro Parra.

¿Quien lo mató? se pregunta Ramírez. Y contesta él mismo:

Una comisión fullera, restauradora de crímenes, con sed de hazaña que agradaba a la parte oficial y que salió en busca de Parra por montañosos senderos, segura de hallar presa de muchísimo valor. La comisión iba comandada por Luis Arango, formaba parte del Batallón Hilachas: hasta el nombre hace armonía! Y la despachó Juan de Jesús Rengifo, alcalde del Líbano. Este Rengifo fue antes digní¬simo mayordomo de XX en su señorío de “La Yuca”; pasó a ser miembro importante del Estado Mayor que aquel Jefe llevó a la Costa cuando fue a defen¬dernos por ese lado y hoy es Jefe Municipal de Ibagué.

Arango, que fue también quien directamente hizo fuego por debajo del zarzo donde dormía el General, según datos que tengo en el bolsillo y tan de cerca que le quemó la ropa a un compañero de Parra. Arango, repito, recibió zalemas del señor Pacificador, un ascenso militar y una suma en dinero por sus bellas hazañas .

Hay que decir aquí claramente que el “señor Pacificador” que premió al asesino de Parra con ascenso militar y dinero por su delito, fue precisamente el General Manuel Casa¬bianca, sin lugar a dudas el político y militar más beneficiado con su muerte. De modo que Arango y Rengifo son apenas los sicarios que reciben órdenes de más arriba para eliminar a un jefe político incómodo y son premiados en la acción.

Y no sobra señalar igualmente que en la “Geografía Guerrera de Colombia” se afirma que el General Parra fue vencido por Lino Arango en una “batalla” del Líbano , batalla que, por supuesto, solo existió en el afán de algunos por ocultar la realidad del asesi¬nato de Isidro Parra.

El historiador Armando Gómez Latorre es muy preciso en los datos sobre los últimos días de Parra. Dice:

“Se hallaba entregado a sus labores agrícolas cuando estalló la revolución liberal de 1895. Derrotados Marco A. Piñeros en Chicoral por fuerzas de Casabianca, y Rafael Camacho en “El Papayo”, cerca de Ibagué , por Juan de Narváez, los Parra se sublevaron con la guerrilla de “El Alto de San Juan”. Viéndose acosado, Isidro resolvió disolver la guerrilla mientras se regularizaba la situación. Tranquilamente descansaba en el zarzo de un ranchito cerca de la Hacienda “La Aurora” junto con un hijo (Harmodio), un sobrino (Ricardo) y dos guerrilleros, cuando se presentó una patrulla de soldados conserva¬dores. Dos descargas cerradas dejaron exánime el fornido cuerpo del veterano liberal; y luego, amarrado a una vara, tal como suelen hacerlo con los cerdos, fue llevado —colgado—desnudo, completamente desnudo, a la plaza del Líbano. Allí permaneció todo el día sin que nadie se apiadara de darla cristiana sepultura. Y ello, mientras el Alcalde, José de Jesús Rengifo, se hacía el de la vista gorda. Este crimen del 17 de marzo de 1895 fue una página de oprobio, escrita con caracteres indelebles en el libro azul de la Regeneración .

Pero a pesar de que sus poderosos enemigos, triunfantes mucho tiempo en el Tolima, quisieron que su memoria fuera total¬mente olvidada y pretendieron hasta quitarle el honor de haber fundado el pueblo por el que tanto se sacrificó, ello no fue posible y en noviembre de 1940, acogiendo la solicitud de un numeroso grupo de ciudadanos del Líbano que recor¬daban su gesta, el gobierno del doctor Eduardo Santos dictó el Decreto No. 2060 de noviembre 19 en el que señala la vida del General Isidro Parra “como ejemplo de voluntad creadora, amor a las ideas democráticas, entrega de carácter y nobleza de sentimientos” y ordena que su nombre sea llevado por el Colegio Oficial de Varones del Líbano, y la Asamblea del Tolima dicta el 21 de diciembre de 1960 la Ordenanza No. 67 por medio de la cual se ordena erigir en la plaza principal del Líbano, el pueblo que fundó y en donde fue exhibido con salva¬jismo su cuerpo desnudo después de su asesinato, un busto de bronce que perpetúe su memora.

El ya citado investigador estadounidense J. Henderson, le rinde merecido homenaje en su libro, de la siguiente manera:

“En el centro geométrico de la plaza, bajo majestuosos y viejos árboles, la cripta blanca y cuadrada del fundador del Líbano, Isidro Parra, todavía le recuerda sus orígenes a la gente del pueblo. Parra murió seguro, con su fe liberal del siglo XIX, de que el Líbano algún día encabezaría al Tolima en cultura, industria y virtudes cívicas. Su visión inspiró a todos aquellos que lo siguieron y los ayudó a soste¬nerse durante los largos años en que la lucha fratri¬cida amenazó con destruir todo lo que allí había sido creado. El Líbano se recuperó finalmente de la violencia, esa perversa pero explicable secuela de la tradición política nacional. Si las recientes señales de prosperidad municipal son verdaderos augurios de lo que vendrá, entonces el pueblo de Isidro Parra cumplirá con el grandioso sueño de su fundador